19.8.09

Bitácora apanense II

Ayer, de regreso de la Ciudad de México, veía desde el autobús (la ruta Teotihuacanos, que conserva los mismos vehículos desde hace por lo menos 15 años) los Llanos de Apan reverdecidos por las últimas lluvias, después de una extraña sequía que tiene al estado de Hidalgo y en especial éstas regiones dedicadas al cultivo del maíz, cebada y frijol al borde del colapso. Sin embargo, abundan las bardas pintadas con anuncios de fiestas pueblerinas, conciertos de música norteña y grupera, además de charreadas en comunidades ignotas, invitación la diversión a pesar de la catástrofe.
Me preguntaba, a propósito de esta hibridación emocional/cultural del nuevo campo mexicano, por qué después de Rulfo se ha escrito tan poco (y mal) del campo mexicano.
Y ni hablar en el teatro, si se escribe/representa una obra con tema rural o campesino la premisa es casi siempre la misma: reproducir los tópicos (la migración necesaria o la pobreza como única forma de habitar el presente), contaminar de folklore, salpicar prejuicios. A veces se nos olvida que gran par parte de este país no sólo es rural, más bien hondamente jornalero y grupero.
Pero llueve, al fin, y en la madrugada se escucha croar a ranas y sapos, como si nada.

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