Por otro lado, Marcos Ordoñez en El País hace un par de semanas no se deja llevar ni por el éxito de Mayorga ni por la fastuosa producción de la puesta en escena. Al contrario, aprovecha los elementos del pasado y deja una sútil crítica que vale la pena revisar.
jueves, mayo 22
Dos formas de hacer crítica teatral
Por otro lado, Marcos Ordoñez en El País hace un par de semanas no se deja llevar ni por el éxito de Mayorga ni por la fastuosa producción de la puesta en escena. Al contrario, aprovecha los elementos del pasado y deja una sútil crítica que vale la pena revisar.
martes, mayo 20
Welcome
Un dato para todos los emprendedores que quieren venir a trabajar a este bonito país, especialmente a Madrid. El ataque xenófobo a este comerciante chino (podría ser latino, africano, rumano o árabe) es cosa de todos los días, lamentablemente.
Y ésta su contraparte o respuesta. Mientras Europa necesita inmigrantes, aunque haya quien se empeña en negarlo, los nazis van pateando gente de otro color, cultura, lengua. Evidentemente no toda la gente es así (al contrario, la mayoría son estupendos), pero a juzgar por los resultados de las últimas elecciones en el continente, la ultradercha se consolida - ver a Berlusconi - en el poder absoluto, con amplio apoyo popular. Triste.
sábado, mayo 17
Ateo Dios: libro nuevo

El Instituto Nacional de Bellas Artes y las editoriales El Milagro, Paso de Gato, La Capilla y Escenología, organizan la primera feria dedicada exclusivamente al arte teatral porque la dramaturgia también se lee.
jueves, mayo 15
De monstruos y prodigios la mejor obra latinoamericana
domingo, mayo 11
Autopublicidad gratuita y cínica
http://www.elcorregidor.com.mx/macnews-core00000/notes/?id=138473
http://www.milenio.com/index.php/2008/05/02/233223/
sábado, mayo 10
Otra Frida
http://www.elcultural.es/video/arbolesperanza/monitor_video.swf
miércoles, mayo 7
Ay, la distancia...
En el inicio de temporada generalmente todo es miel sobre hojuelas. Asisten amigos, familiares y raramente un crítico. Se brinda con algún vino y a todos les parece que la obra está bien. Por eso a los autores nos gusta ir a los estrenos y no volver.
Ya en temporada se encuentran espectadores más avezados y uno mismo puede advertir mejorías. Por si fuera poco, hay un lugar común para exculpar a los actores en el estreno, se habla siempre de nervios y que a la obra “le hace falta fluir… ya vendrán mejores funciones”, así que hasta disculpas de antemano existen para pactar una noche de buenos deseos y localidades gratuitas.
Lo que me gusta de no estar en los estrenos y en la temporada en general es que un amigo me escribe un mail y me cuenta su experiencia. Desde luego que preferiría estar ahí, y poder disfrutar de los aplausos o diatribas, pero tiene lo suyo recibir la inesperada crónica de alguien que, a muchos kilómetros de distancia, ve tu trabajo y se toma el tiempo para enviar su impresión, a sabiendas de que no puedes ir al teatro al día siguiente y verificar lo que dice. Es un ejercicio de confianza, un ritual más en el oficio teatral.
miércoles, abril 30
No tocar: relato escénico en voces varias para infantes
sábado, abril 26
La naturaleza de la crítica

El joven maestro Heriberto Yépez publica en su columna de Milenio una diatriba contra la crítica literaria; y se pronuncia a favor de la autocrítica. Se autoinculpa, supongo, además de manifestar curiosas observaciones sobre lo que es y lo que no debe ser la crítica a propósito del lector. Hay algunas ideas (sentencias) con las que no estoy de acuerdo, aunque el fondo de su tesis, la autocrítica del escribano es por lo menos deseable. Creo que parte de sus deducciones son muy simples y otras no las comparto, pero es un texto interesante para quien indaga en los mares del ejercicio crítico y la escritura en general.
Quizá (sin quererlo) la respuesta a Yépez -que por cierto dice que "crítico, narrador y poeta deben ser uno mismo", excluyendo al drama- es otra columna sabatina, la de Marcos Ordoñez en Babelia. Después de leer el repaso que hace Ordoñez de una puesta en escena donde se aprovechan impunemente de Ibsen, en una obra llamada Espectros, el texto del tijuano Yépez parece un poco limitado a la luz de lo real.
En fin, un sábado provechoso, que vengan más así.
jueves, abril 24
100 de 31 o menos
En la edición impresa de Día siete parece que alguien abusa de su tiempo en la web. Por medio de mi carnal (y paisano) Daniel Fragoso me entero de una lista de 100 escritores mexicanos menores de 31 años en la que sospechosamente estoy incluido, además de que mencionan este dramático blog.
Faltan nombres, de dramaturgos sobre todo y uno que otro narrador que conozco, pero no sé si daban la edad, ya he perdido la cuenta de sus años.
En fin, Edilberto Aldan pone la lista completa, para que se reconozcan o juzguen quién falta.
Juan Rulfo con tremendas gafas
Encontré esta joya del maestro Rulfo. Voy a conseguir unas gafas así.
jueves, abril 17
Ludwig Margules a la distancia
Una pena el audio (además la dicción del maestro no ayudaba), pero vale la pena recordar al viejo; después de unos minutos la entrevista se escucha mejor.
miércoles, abril 16
Diccionario crítico de la literatura mexicana
Dos textos inéditos
Estaba buscando archivos para borrar del disco duro y me encontré con estos dos textos inéditos, originalmente escritos para Letras Libres que no vieron luz. Ha pasado el tiempo, yo tenía una beca del FONCA, una columna en Milenio y me sentía rudo, joven, y pesaba unos diez kilos menos.
Será la nostalgia, o la distancia -ambas, supongo- pero hasta me acuerdo con quiénes fuí a ver estas obras -con Nóe Morales la de Kane, él consiguió las entradas, y con Chías y su padre la de Legom en el estreno de La Gruta, después con la Faesler y Mario Bellatín en el Carlos Lazo, y La piel con Mónica Raya- para volver a casa en los Llanos de Apan, mediante el autobús de media noche que había que buscar en lo más oscuro de la estación Martín Carrera y escribir las notas críticas después de sendas discusiones sobre los espectáculos ofrecidos con los amigos.
Quizá no deba decirlo, pero estas críticas me gustan como me gustaron en su momento. De poco me arrepiento.
Del nuevo canon dramático
Ante la acostumbrada lentitud de la cartelera teatral para ofrecer producciones sustantivas y novedosas al comienzo de año, resaltan dos puestas en escena marcadas por la experiencia del hecho escénico bajo la luz de una dramaturgia contemporánea, de origen experimental, aunque recientemente suscrita a los cuadernos canónicos.
Se trata de la conclusión de temporada de Pscosis 4:48 de la dramaturga inglesa Sarah Kane, bajo la dirección de Ignacio Ortiz, con Laura Almela, Ana Graham y Arturo Ríos, en el Centro Cultural del Bosque; y la reposición de la obra De bestias, criaturas y perras del dramaturgo tapatío Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, con Beatriz Luna y Rodolfo Blanco, dirección de Alberto Villarreal, en reciente proyecto teatral en el añejo Carlos Lazo de la Facultad de Arquitectura.
En Pscosis 4:48 se diluyen las peripecias tradicionales del hecho escénico a favor de un retrato mental, en realidad un claustro, ni siquiera un laberinto, en el que se suceden rasgos de expresión personal que alcanzan altos registros dramáticos a partir de la afectación de la autora, quien se ahorcó a los veintiocho años, en el hospital en que estaba siendo tratada después de una congestión por barbitúricos. En la obra vamos de la indagación biográfica hasta la metáfora del dolor y la ansiedad entre los jóvenes de las sociedades vigentes.
Sin embargo, la metáfora no logra separarse del tejido de los acontecimientos escénicos por el apego de la autora a cierta psicología espuria –la enfermedad, el deseo agónico– que resulta tautológica, a veces, ni los cambios de voz en los oficiantes, o la múltiple caracterización de personajes logra concretar las emociones propuestas en un texto que no tiene asignación de enunciantes, tampoco indica el número y género de los actores. Por ratos este desorden origina confusión en la fértil convención teatral, lo cual probablemente desciende de la energía de los actores, pendular en ciertos cuadros escénicos.
En arbitraria simplificación, Nietzsche afirmaba que hay dos tipos de hombres, el genio o el maldito, el nihilista o el cínico. Es curioso que el personaje masculino en De bestias, criaturas y perras, sucumba tan ampliamente ante la afectación de este testimonio, que no hace sino sostener espléndidamente una obra aparentemente simple: un hombre y una mujer conversan, se visitan, a propósito de un bebé, un trabajo probable (muy probable), y un curso de carpintería por correo.
La dramaturgia de Gutiérrez Ortiz Monasterio se explica a sí misma a partir de una práctica de choque entre las características de sus dos personajes, lo cual no implica, que las imágenes de la puesta en escena y aun el discurso dramático pertenezcan al reino del “imposible verosímil” de Aristóteles ni que pueda captarse por medio de una dialéctica hegeliana o de cualquier otro sistema lógico basado en el principio de contradicción.
Como sucede en toda tradición literaria, en la dramática nacional o extranjera, lo marginal se mueve, se aproxima –no todo y no todo el tiempo– hacia el centro, trepa al trono después de la democrática tradición de la ruptura. Acaso cuando Gutiérrez Ortiz Monasterio estrenó De bestias criaturas y perras en un pequeño salón de la ciudad de Querétaro, en una reunión de dramaturgos, era un casi inédito autor de provincia, a penas hallazgo de la crítica, por fuerza genio incomprendido. A sólo tres años de distancia se ha situado, con Chías, Escalante y González Mello como la renovación de la dramaturgia mexicana contemporánea, ya sin la necia perspectiva generacional, que se ha perdido en los anaqueles de críticos y académicos.
Entre Villarreal y Ortiz, los directores de las obras referidas, la significación de la puesta en escena se aloja en la explosiva renovación de las vanguardias del teatro contemporáneo, su vértigo de utopía aplazada, desde Kantor hasta Castelucci, pasando por Robert Bob Wilson y Peter Brook: los transformadores de las teatralidades globales, quienes han perpetuado el gusto por la tradición que se compromete a renovarse, la dictadura de lo actual para nada está lejos del teatro mexicano. Tampoco es coincidencia que sean directores de escena, los autócratas del régimen. Por fin, después de siglos, la dramaturgia está al servicio del teatro y no al revés.
De este modo en estas dos dramaturgias no hay, por ejemplo, preocupaciones decididamente ideológicas, de un teatro con espíritu masificador, que habla de problemas sociales y se convierte casi en documento informativo. Estamos frente a la ausencia de producciones magnánimas, de presupuestos decorativos, el definitivo regreso a la palabra, en ella la convención imaginada y posible, exiguos movimientos y trazos actorales, escenografía, luz, ornamentos reducidos a lo indispensable, ausencia de matrices de representación explícita o acotación, los mínimos personajes, mejor dicho, los menos actores, y relación temporal con el texto espectacular, tendencia al minimalismo, a volver a la catacumba, y por lo tanto irremisible destino: reducción de público, salas de veinte personas, taquillas insuficientes, obligación subsidiaria.
Algunos de estos rasgos, al combinarse, originan lo que el crítico e investigador argentino Jorge Dubatti llama “canon de la multiplicidad”, puerta al abismo posmoderno, renovación del ejercicio ficcional de un teatro que se rejuvenece con dramaturgia local o importada.
La piel
En el concierto del teatro mexicano, las mujeres, en este caso dramaturgas, han tenido un papel destacado más por calidad que cantidad. Desde la segunda mitad del siglo XX mexicano, la tradición de dramaturgia femenina está cimentada en tres figuras primordiales que se sucedieron la hegemonía del oficio: Elena Garro, Luisa Josefina Hernández y Sabina Berman. El habitual relevo generacional arrojó con el nacimiento del siglo XXI la obra de Ximena Escalante, quien adquirió relevancia, éxito en taquilla y crítica sobretodo con la obra Fedra y otras griegas. Parecía entonces la heredera al trono de las mujeres escritoras de teatro en México.
Con la obra actualmente en cartelera, La piel, Escalante confirma lo que anunciaban sus montajes recientes (Yo también quiero un profeta, Te odio y Colette), anécdotas sencillas, con personajes que habitan atmósferas de aparente cotidianidad, y cierto esnobismo tedioso que se traduce en conflictos casi inverosímiles para la mayor cantidad de anónimos que acuden al teatro. En esta ocasión la premisa del texto se centra en la fiesta de cumpleaños que ofrece el personaje principal a sus cuatro amigos. Con la intención de que consumen sus ambiciones epidérmicas primero lo acarician, luego relatan lo que hay en sus sueños a propósito de la piel, y cada quien concluye escenificando un monólogo de un producto imaginario para la dermis, que podría venderse al público. Sin embargo no complejiza el asunto de la sensibilidad corporal, ni completa la metáfora de la piel y las relaciones humanas; ni siquiera evoluciona hacia un discernimiento erótico. Tampoco estamos en presencia de una obra que busque alejarse del realismo, ni que indague, por su estructura, un tratamiento renovador.
Se vuelve un catálogo de referencias: las cicatrices, la piel de los animales usados en textiles, las vendas que ocultan el cuerpo, y algunas observaciones raciales, que tampoco logran contundencia en la ficción. La dramaturgia es circular y hacia el final, el tema de la piel, la sensibilidad y el dolor quedan como un montón de anotaciones fútiles donde la frivolidad es característica principal.
Al lento tratamiento dramático, centrado en la preeminencia de acción temática que propone Escalante, el concepto de dirección de Miguel Ángel Gaspar sucumbe ante el pudor con que oculta sistemáticamente el uso de los cuerpos –incluso con el actor Claudio Valdés Kuri– que aunque aparece desnudo en una escena, no trasciende en la progresión del montaje. Además de cierta tautología en la cual los intérpretes quedan atrapados porque no logran ir más allá de la estridencia del grito o la confusión coreográfica. Aunque el fenómeno dramático perezca ampliamente, la dirección desprovee a la propuesta de cualquier contenido inquietante o francamente trasgresor.
Las limitaciones de un elenco, cuya enunciación retórica y sobredramatización no permite la consecuencia de las relaciones que van tejiendo los personajes, ni el conflicto que se proponen, encuentra su punto crítico en el trabajo de los actores Valdés Kuri, Miguel Ángel López y Kaveh Parmas. Acaso destaca la aparición de Fabrina Melón y por momentos la de Katia Castañeda, con mayor oficio, y lejos del cliché de sus compañeros.
La piel representa el ambicioso esteticismo del teatro contemporáneo fincado en la investigación espacial (en este caso escenografía, iluminación y vestuario de Mónica Raya) y la pulcritud de un diseño ornamental discreto, pero relevante. Gran parte de la “modernidad” teatral está en el reto escenográfico. Para La piel es cierto que los elementos visuales y sonoros funcionan, pero cuando aparece el cuerpo del actor, todo cambia: por atractiva que sea la imagen, la escena bidimensional con puertas traslucidas al fondo, y el uso ocasional de una pantalla como escenografía, presenta los mismos problemas que el decimonónico telón de fondo. Frente a las sofisticaciones propias de los conciertos de rock y otros espectáculos masivos, ver que un actor engancha un arnés para subir unos metros, y que los actores mueven un par de sofás cada vez que la obra adquiere un nuevo protagonista, resulta casi premoderno.
La producción está a cargo de la compañía Teatro de Ciertos Habitantes, cuya característica principal desde su nacimiento en 1997 es representar al teatro mexicano en la escena internacional; por lo cual sus realizaciones se han denominado como “teatro para festivales”. Una agrupación que con los montajes memorables De monstruos y prodigios, la historia de los Castrati y El automóvil gris, ganó no sólo fama y giras por el mundo, sino el reconocimiento de un conjunto que piensa en un proyecto teatral a largo plazo, y por lo tanto aspira a trascender la inmediatez de una puesta en escena. Desafortunadamente La piel no logra traducir sobre el escenario el impulso de vida que contiene la propuesta de grupo.
Escalante apunta en el programa de mano: “esta obra tiene sensibilidad. La puerta de entrada a todo lo sensible y, por eso, un camino directo a la verdad”.
El espectáculo promete más de lo que otorga, como la dramaturgia de Escalante, a quien las instituciones culturales, y el ritmo habitual del teatro nacional encumbraron prematuramente.
Enrique Olmos
martes, abril 15
Retorno a Haifa
Retorno a Haifa, un provocativo montaje de uno de los teatros más importantes de Israel, explora las pequeñas historias de sufrimiento individual durante el más de medio siglo de conflicto palestino-israelí. Y desde la perspectiva de ambos bandos. "Lo que hace especial esta producción es que da un campo de batalla para que la gente de ambos lados escuche las explicaciones de los otros", señaló el director Sinai Peter, en la noche del estreno en Jaffa, al sur del centro de Tel Aviv.
A través de las historias de dos parejas y un niño, la obra evoca la simpatía tanto por los supervivientes del Holocausto que buscaban refugio en Israel, como por los 700.000 palestinos que abandonaron sus hogares o que fueron obligados a ello durante la guerra de 1948 que llevó al nacimiento del Estado judío.
Adaptada por el dramaturgo israelí Boaz Gaon a partir de una famosa novela corta de Ghassan Kanafani, cuenta la historia de los palestinos Said y Safiyeh, que huyeron durante los enfrentamientos de 1948 y que fueron forzados a abandoner a su retoño.
lunes, abril 7
El teatro hay que hacerlo por una necesidad vital. Y cuando esa necesidad se acaba, no lo debes hacer: Luis Mario Moncada
domingo, marzo 30
París teatral

La obra de Spregelburd que estrenó en París, con su cara sutilmente incluida en la publicidad. 
Molière y yo, en el portal de su casa.
sábado, marzo 8
"Shakespeares high concept "
Londres sigue marcando la tendencia a seguir. Acabo de ver allí dos espectáculos magistrales, desbordantes de talento y sentido común, de ganas de comunicar: Much ado about nothing, en el National, y Othello, en la Donmar Warehouse.
Marcos Ordoñez. Babelia.
Bob Wilson (Estados Unidos, 1941)
domingo, febrero 24
Gao Xing-jian (Ganzhou, China, 1940)
"¡El teatro vive hoy bajo la dictadura de los directores escénicos! Y esto ocurre desde los años sesenta. A lo largo de la historia, primero tuvimos el teatro de actor. Luego llegó el teatro de autor, donde alguien exponía su pensamiento en una pieza. Por fin llegó el teatro de director, en el que el director del montaje lo domina todo: texto, juego actoral, mensaje..., todo. Los actores se vuelven marionetas en manos del decorado y, lo que es peor, ¡de la tecnología! Yo no lo apoyo. Yo quiero volver a lo esencial, que es el texto y el actor.
lunes, febrero 18
Javier Avilés
Director del montaje “El ogrito”, que actualmente forma parte del Programa Nacional de Teatro Escolar, Avilés desarrolló una carrera teatral de casi 20 años, en la que estuvo al frente de colectivos como el Grupo Juvenil de Arte Cristiano y los talleres de teatro de la Casa de la Cultura Diego Rivera y el Tec de Monterrey, campus León.
Desde 1994 era director de Luna Negra, la agrupación con la que alcanzaría sus mayores éxitos, con premios en certámenes estatales y locales y participaciones en el Festival Internacional Cervantivo y la Muestra Nacional de Teatro.
Ex becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes y docente en varios talleres promovidos por el Instituto Estatal de la Cultura, Javier Avilés participó también en la creación del Foro Luna Negra y fue parte del staff de varias ediciones del Festival Internacional de Cine Expresión en Corto.
Originario de León, Francisco Javier Avilés Ortega llegó al teatro siendo adolescente, comenzando como actor en el taller del Tecnológico de León y el Grupo JAC (Juvenil de Arte Cristiano), del que llegó a ser director entre 1989 y 1994, convirtiéndose en la revelación de la escena local, con cuatro terceros lugares consecutivos en la extinta Muestra Estatal de Teatro.
En 1994, se unió a los actores Javier Sánchez y Milleth Gómez, con quienes fundó el grupo Luna Negra, el cual produjo algunas de las puestas en escena más memorables de esa década, como “Háblame como la lluvia”, “La última cinta de Krapp”, “Final de juego” y “Diálogo en el jardín de palacio”.
De 1997 a 1999, el grupo dirigido por Javier Avilés ganó consecutivamente la Muestra de Teatro Leonés, MUTEá, cuando funcionaba como concurso. Su repertorio estuvo inclinado especialmente hacia autores contemporáneos, como Tennesse Williams, Osvaldo Dragún, Christopher Durang y, muy especialmente, Samuel Beckett.
Avilés dirigió tres producciones para el Programa Nacional de Teatro Escolar: “El Yeitotol”, en 2004; “Arlequín, servidor de dos amos”, en 2007 y “El ogrito”; actualmente en cartelera. La segunda de ellas trascendió al programa para el que fue creada y se presentó también en el Festival Cervantino y fue el montaje inaugural de la Muestra Nacional de Teatro, realizada en Zacatecas en noviembre pasado.
miércoles, febrero 13
Emilo Carballido (1925-2008)
Carballido, considerado “fenómeno del teatro del medio siglo”, consiguió trazar un nuevo rostro del teatro mexicano, abordando en sus dramas problemas cotidianos que partían de la realidad del espectador.
Muy tempranamente alcanzó la celebridad cuando en 1950 su obra Rosalba y los Llaveros, dirigida por Salvador Novo, lo transformó de un desconocido de 25 años, al único dramaturgo joven en pisar Bellas Artes.
El también narrador, crítico, guionista y, en algunas ocasiones, director teatral, vivió con la certeza de que “escribir es un acto de contacto con nuestra propia fantasía”. A los 82 años, murió el pasado lunes, en el hospital Luis F. Nachón, en la ciudad de Xalapa, víctima de un infarto agudo al miocardio.
Héctor Herrera, su pareja sentimental por 20 años, refirió que los diarios personales del autor de Orinoco permanecen inéditos, lo mismo que varias obras teatrales, una de las cuales se comprometió a entregar en octubre de este año a la Fundación para las Letras Mexicanas. Carballido recibió 370 mil pesos como parte del Programa de Aliento a la Obra Literaria, que el año pasado abrió esa fundación.
Nacido el 22 de mayo de 1925, en Córdoba, Veracruz, Carballido marcó con su teatro a las diversas generaciones de dramaturgos de mediados de siglo XX al presente.
Ese joven que en marzo de 1950 obtuvo un éxito rotundo en el Palacio de Bellas Artes como parte del ciclo Temporada de teatro universal, conquistó a los estudiantes de las escuelas de teatro, pero también a grupos de aficionados y estudiantes de secundaria y preparatoria; montó sus obras en grandes recintos con directores reconocidos, pero también con jóvenes directores y compañías de teatro independiente o agrupaciones de pueblos indígenas.
Su obra fue galardonada a lo largo de los años, como en 1996 cuando obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Cuatro años después, en diciembre de 2002, sufrió una trombosis cerebral que le dejó secuelas en el lenguaje y que le impedía caminar; sin embargo, no paró de escribir.
Su larga producción creativa, que desarrolló fundamentalmente en teatro, pero también en cine, novela y cuentos para niños, lo confirmaron como uno de los pilares de las letras mexicanas y, en particular, del teatro moderno. Siempre luchó contra la idea de que el teatro debe ser didáctico, decía que lo único didáctico es dar buenas obras.
Carballido es el único de los escritores de la generación de los 50 que permanecerá en el inconsciente colectivo teatral, afirmó el investigador de teatro Édgar Ceballos: “Si hacemos un examen de la trilogía de la Santísima Trinidad Mexicana, el padre es Rodolfo Usigli, quien gestó tres hijos que fueron Emilio Carballido, Hugo Argüelles y Vicente Leñero; éste último es el único sobreviviente en este momento”.
Hoy por hoy, la antología D.F: 52 obras en un acto, publicada por el Fondo de Cultura Económica, ha refrendado su nombre en los escenarios escolares, como antes lo hicieron en el escenario internacional piezas como Orinoco y Te juro Juana que tengo ganas.
El teatro mexicano sigue perdiendo señores, gente que hizo del oficio teatral un camino más o menos habitable.
domingo, febrero 10
Hacer teatro en España...
lunes, febrero 4
¿Max o menox apoyo?
viernes, enero 25
¿Y la democracia?
El juego democrático está presente en las obras de arte desde que unos entusiastas griegos lo subieran a la escena de las ideas. Con sus altibajos, la democracia ha estado presente en el teatro, solapada o manifiestamente para recordarnos que hasta ahora es la menos mala de las formas de gobierno.
Detesto a los antidemócratas porque me recuerdan a mí mismo de adolescente. Pensaba que el mundo era susceptible de cambio si yo me lo proponía, es decir, con mi voluntad bastaba. Los detesto aún más porque a pesar de odiar el régimen, de no votar y de tener una actitud abúlica sí reciben todos los beneficios que la lenta democracia les provee. Los detesto también porque algunos ni impuestos pagan.
A más de uno le diría que se fuera a vivir a uno de los múltiples países que no cuentan con régimen democrático. Después, claro está, siguen los que confunden democracia con el sufragio, o con las condiciones electorales que son evidentemente uno de los asuntos por mejorar en la democracia de todo el mundo.
En fin, cada vez que veo una obra dramática que habla sobre la democracia, y especialmente en los países de América Latina me pregunto cómo se conformó el elenco, quién eligió la obra, quién paga los derechos, honorarios y el mantenimiento de esa producción. ¿Por qué esa y no otra? ¿Por qué ese director y no otro? ¿Por qué se muestra en esta sala y no en la siguiente?
Si se trata de teatro público o favorecido por el Estado es evidente que debemos pedir cuentas, como ciudadanos, no sólo a la puesta en escena, sino a la multitud de mecanismos que hicieron posible la presentación del espectáculo.
He visto a muchos escritores de teatro poner en la balanza de sus textos la fragilidad de la democracia contemporánea. He visto a directores, actores y escenográfos quejarse por tal o cual condición política de su país, del presente o el pasado y dejarlo ver en la puesta en escena. Pero en el fondo, el teatro hispanoamericano es básicamente antidemocrático.
Especialmente en su modo de operación. Seguimos sin saber cómo se eligen las obras que gozan de los grandes presupuestos, los funcionarios acceden a los puestos de control del arte escénico sin preparación y por recomendación política, los festivales responden a intereses mezquinos, la critica está soterrada para que el nivel de las producciones no se verifique, el público ya ni acude a la salas, pero da igual porque de todos modos no nos interesa lo que opine, sino lo que el Estado me subvencione para que yo diga que en mi país, región o cuidad no hay democracia, o luz eléctrica, o agua potable.
Al respecto, se habla recientemente que en Ciudad de México, en el famoso CUT (el centro de formación teatral más activo del país) se presenta para ser directora una mujer cuya carrera artística es formidable, pero como funcionaria no ha conseguido los mejores resultados. Se trata de Mónica Raya, una diseñadora escénica de fama mundial que sin embargo durante su gestión en el teatro de
Personalmente la estimo y admiro su trabajo, pero no soy yo quién debe decidir el destino de la dirección del CUT. Esa tarea es de los alumnos, de los maestros y de la colectividad que ha formado durante años el espacio de formación teatral mejor estructurado del país. Mi opinión no cuenta, porque ni estudio, ni estudié ahí, ni soy docente ni nada.
Pero no serán los afectados del CUT los que opinen sobre su próximo director, será un oscuro funcionario, detrás de su escritorio; una pena.
México D. F., a 23 de enero del 2008
DOCTOR JOSÉ NARRO ROBLES
Rector de
P r e s e n t e
Los abajo firmantes, exalumnos del Centro Universitario de Teatro y miembros de la comunidad teatral, queremos manifestar que, como es de su conocimiento, el CUT es parte fundamental de la historia teatral de nuestro país. Muchos de quienes integramos esta comunidad somos egresados de esta escuela y queremos externarle nuestro profundo desacuerdo con el hecho de que sea designado como Director del CUT cualquier persona ajena a la trayectoria e incuestionable tradición que sustentan los 45 años de formación de artistas conscientes y comprometidos con su entorno político, social y artístico.
Por ello, y ante el creciente rumor sobre la designación de
Confiamos
Atentamente
Egresados del Centro Universitario de Teatro y Miembros de
C.c.p. Mto. Sealtiel Alatriste, Coordinador de Difusión Cultural.
sábado, enero 5
2007
lunes, diciembre 17
¿Post o Pre?
Y así va el encanto de La Belle Province. Convive lo mismo el más grasiento fast food, la comida tradicional oriental, el maravilloso bufette chino al que alguna vez hice referencia, la comida mexicana, mexicotexana, y la presuntamente mexicana, con varios establecimientos para devorar semillas y productos que cultivan y atienden viejos hippies neoliberales. Si es verdad que la gastronomía es el semblante de un pueblo, de una sociedad, en Montrèal día a día se modificaba el semblante.
Ante el mestizaje avasallante, el sincretismo continúo, la llegada y partida de inmigrantes, turistas y ese ambiguo grupo de angloparlantes que habitan la ciudad (tienen su propio feudo-barrio), Montrèal es la ciudad ideal para sentirse ciudadano del mundo, pero esa condición es casi anecdótica si se pretende ser algo más que un turista.
La batalla de la identidad está siempre en el centro de la realidad social. Los puentes culturales que ha tendido una ciudad tan moderna y abierta como Montrèal no son suficientes para evitar la discriminación y el racismo, sin embargo, es mucho más soportable que en otras partes del planeta.
En el corazón helado de la isla de Montrèal habita una creciente comunidad hispanohablante, latinoamericana, mexicana. La mexicanización de Canadá es inminente, la de Québec está garantizada. La comida mexicana, por ejemplo, ha dejado de ser exotismo tequila-limón-picante para entrar discretamente en la dieta habitual de miles de personas cuyo origen es lo de menos.
Aspiro a que no me ciegue la nostalgia. Los precios exorbitantes – transporte, servicios, comida y ocio – sumado al desconocido concepto de precio fijo de algunos artículos, hacía la vida complicada en la ciudad más grande la provincia de Québec. Por si fuera poco, el trozo de verano que viví fue atroz. No sólo por el calor desértico, también por las decenas de estadounidenses que cruzan la frontera para emborracharse y entorpecer las calles, los japoneses que no cesan de hacer fotos, y la demasiada oferta callejera que va más allá del eufemismo de cultura y arte callejero cuando en realidad se prodigan mendigos y farsantes. Montréal en verano es postTijuana, la Tijuana del Norte con su casino monumental para que los ancianos derrochen fortunas aburridos, y la música electrónica en el parque de al lado te haga buscar unas monedas para comprar las drogas que la hagan soportable.
Llega el frío, las tormentas de nieve, y la ciudad es bellísima, silenciosa, taciturna, recupera el encanto de una isla donde conviven centenares de personas cuyo origen es tan disímil que por momentos no es Estados Unidos, ni Canadá, quizá es Montrèal, una ciudad ausente del gran ogro yankie, al menos en lo que se enciende la televisión, se visita el cine, se topa con el centro comercial.
Tuve suerte de vivir en el centro (Saint Denis-Sherbrooke), de ver correr a las ardillas en el parque, de conocer una tienda muy barata atendida por turcos y de tratar a personas estupendas, Liliana Pedroza, Alberto Sánchez Allred, Sergio Cano, Abuac Citlali, Javier Valdés, Francine Royer, Compagnie Deux Mondes y otros.
México está entre el proyecto de su autodestrucción y la indiferencia paulatina por el mismo tema. Cuando la desgracia apocalíptica llegue a territorio mexicano nadie notará la diferencia, acaso las alarmas del fin de los tiempos sonarán (tarde) y despertarán a unos cuantos perros. Es curioso llegar a un país, y especialmente a su gran ciudad donde la explosión demográfica y la inseguridad reinan altivas mientras miles de capitalinos se pelean por llegar al Zócalo y disfrutar de los 15 minutos de hielo debajo de sus pies en la pista más grande que jamás haya visto ojo humano. Una zona de México ha transitado del surrealismo de Bretón a la posmodernidad del cómic que Rius hace ver como puro realismo.
Pienso que México y yo nos parecemos, por ejemplo, en que quiero honestamente bajar de peso y estar en forma, pero me resisto a dejar de comer hasta el hartazgo. Todos los mexicanos quieren tener un país distinto, eficiente, más limpio y medianamente saludable, pero nadie está dispuesto a cambiar el tamal por las barras energéticas, o las chalupas por la soya, todos se quejan de los desastres naturales (ver Tabasco) pero no se recicla basura, ni se guarda el automóvil aunque sea un día. Ya se sabe, el peor enemigo de un mexicano es ese otro mexicano que se mira en el espejo y no se reconoce.
Oviedo me gusta. Hoy caminé varias calles del centro y supe cómo volver a casa, sin preguntar a un solo policía o dependiente. Supongo que eso me hace ciudadano ovetense. Desde el estudio que tenemos se ve a los viejos pasear sus perros por el congelado pasto del parque mientras una ráfaga de sol me hace subir la persiana, pensando que tal vez así evitemos la glaciación.
lunes, noviembre 26
R e p l i c a n t e
En fin, que por un lado los lectores compulsivos del catecismo de la izquierda mexicana, llamado La Jornada, y por otro, los suscriptores de Reforma, se han negado a establecer puentes sensibles para el debate casi al mismo tiempo que el país se polariza entre defensores y denostadores de AMLOquito. Por un lado, Monsiváis y Poniatowska en la más triste de sus versiones, y del otro Krauze y los suyos en la más jubilosa aparición mediática.
Aunque a éstos últimos no se les puede calificar como “intelectuales de derecha” (¿La derecha puede tener intelectuales?, creo que no), tampoco son precisamente revolucionarios ni renovadores, por lo menos no en el plano político.
Y aunque ambos bandos se pongan de acuerdo en la intimidad, o por lo menos dialoguen civilizadamente, al fondo de esta reyerta por “la verdad nacional” está una nueva y casi madura generación de escritores, artistas y estudian











