27.11.07

R e p l i c a n t e

Si de algo acusa ausencia la cultura mexicana en tanto cotidiana reflexión, es de pluralidad. Se vive como marginal y antisistema – obvio, no se piden becas al Fonca porque están dominadas por “mafias” y el estado es el culpable de que no reconozcan mi inusual talento – o se lee en exclusiva Letras Libres y acaso el Babelia español para estar al tanto de lo más granado de la literatura en nuestra lengua.
En fin, que por un lado los lectores compulsivos del catecismo de la izquierda mexicana, llamado La Jornada, y por otro, los suscriptores de Reforma, se han negado a establecer puentes sensibles para el debate casi al mismo tiempo que el país se polariza entre defensores y denostadores de AMLOquito. Por un lado, Monsiváis y Poniatowska en la más triste de sus versiones, y del otro Krauze y los suyos en la más jubilosa aparición mediática.
Aunque a éstos últimos no se les puede calificar como “intelectuales de derecha” (¿La derecha puede tener intelectuales?, creo que no), tampoco son precisamente revolucionarios ni renovadores, por lo menos no en el plano político.
Y aunque ambos bandos se pongan de acuerdo en la intimidad, o por lo menos dialoguen civilizadamente, al fondo de esta reyerta por “la verdad nacional” está una nueva y casi madura generación de escritores, artistas y estudiantes universitarios que han desviado malamente su ojo crítico a favor o en contra.
Para los que viven en la periferia, y aún más, los que no estamos en el país, desde afuera la polarización es evidente y estéril, aunque tiene su invariable punto anecdótico que no deja de ser atractiva.
En cada bando cuento a varios amigos o personas que aprecio y admiro, por lo tanto lamento ver los espacios – pocos – de reflexión crítica repitiendo los argumentos de hace un año cuando el debate sí estaba en el futuro político del país y su naciente democracia.
En fin, que los medios por excelencia para acrecentar y compartir el debate (ojo: no sólo el político) y que mejor retratan los avatares de la cultura crítica mexicana, son las revistas. Entiendo que Nexos ha dejado de ser el contrapeso de Letras Libres (antes Vuelta), y que los suplementos culturales de cada periódico han reducido sus páginas casi hasta convertirse en piezas de museo. Uno debe rebuscar entre la publicidad para encontrar una columna, reseña o reportaje.
Mientras cada quien se acomoda en el panorama intelectual mexicano, y las disputas continúan o decrecen, existe desde hace no poco tiempo una revista periférica, no sólo porque su edición no es chilanga por definición, tampoco por convicción, y sin embargo sumamente plural pero rigurosa, con un cuidado editorial y diseño desenfadado, hasta divertido, donde convive una legión de autores que oscilan en edades, procedencias y estilos.
Esta reunión de gente, de la cual Rogelio Villarreal es editor, destaca porque no es complaciente, ni marginal, tampoco aburrida y mucho menos polarizada. Su único defecto es que publica ahí un tipo nefasto que firma igual que yo, y en el último número escribe sobre La rama dorada de Frazer.

¡Replicante a la venta!

Si no la compras es que amas al Peje. No; lo odias.

22.11.07

Fernando Fernán Gómez (1921-2007)

Fernando Fernán Gómez, peruano, o argentino, pero más bien español, fue el primer actor en ingresar a la Real Academia de la Lengua Española.
El pelirrojo encarno una suerte de hombre de teatro total que lo llevó al cine y la televisión. Fue dramaturgo, teórico y director de escena, pero sobre todo, animador del oficio dramático desde un punto de vista crítico y nada complaciente. Más que su legado, del que conozco poco, reconozco su imagen como una de las últimas en la lengua española para mirar al creador de personajes como un artista. Nada más lejos de un diletante, que sea la paz con él.

El diario de Patricia es inocente

La televisión es el negocio más grande del mundo después del petróleo. La gente vive a través de la televisión, y las familias conversan sólo lo que dura la publicidad –en España es eterna, creo que dura más que el programa, por eso las familias son tan unidas– y todo lo que no sucede en la televisión, no sucede o es mentira de la prensa progre, es decir, El País.
El programa más visto en los días que siguen en la Península será El diario de Patricia en Antena Tres. Un vulgar talk show copia conceptual de la usual calidad de exportación de USAméricalatina, es decir, Miami.
Resulta que una chica rusa (Svetlana), fue llevada con engaños al maravilloso programa, ella pensaba que vería a un familiar, y se encontró con su ex pareja, que le propuso matrimonio en vivo y en directo. La mujer no aceptó porque entre otras cosas el hombre tenía una orden de alejamiento por maltratos.
Unos días después la mujer es apuñalada en el portal de su casa por el despechado. La historia trágica de la televisión que cuando sea encumbrada en la pantalla ganará espectadores, el sueño delirante del señor rating convertido en realidad technicolor.
Nada mejor para los niveles de audiencia que un asesinato. El debate que se viene será el de por qué este maldito programa de tele basura sigue al aire después de tal atrocidad. Y quizá después de unos trepidantes días de discusión monologada salga del aire, después de cosechar puntos altos de audiencia, sin que nadie se ocupe del verdadero verdugo: el espectador. La producción del programa tiene una responsabilidad civil, moral y legal, pero quien mató a esa mujer fue la gente. El espectador que no deja de mirar El diario de Patricia y demás patrañas. Lo sacarán del aire, pero vendrá otro, de un nombre quizá menos original, y seguirá ganando publicidad alegremente.
Las estrategias de la televisión son tan crueles que se me ocurre pensar que la propia producción alentó el crimen. Los niveles de audiencia lo justificarán, habrá dicho un entendido. Volverán al cabo de unos días, con El diario de Cristina o algo así. Qué más da la vida de una inmigrante rusa, se preguntaban. Con esta idea preparo una breve obra dramática – aviso, para quien ya esté pensando en escribir la suya – y creo que esta anécdota terriblemente real marca la constatación de que el imperio de la tele basura ha llegado a España.
Por si fuera poco, que nunca lo es, y para quienes opinan que la sociedad española no es racista, machista o xenófoba, basta con ver los comentarios de la gente a la noticia antes de que se supiera el tema del asesinato con televisora involucrada (click).

Breve diccionario del yo webconsciente del español promedio: Porque es rusa debe ser prostituta, entonces se justifica, si hubo violencia en la agresión es un marroquí acaso colombiano, en Valencia esto sucede porque está llena de inmigrantes y el culpable de todo es, desde luego, Zapatero.

La terapia de grupo en Chinatown

Ahora que los turistas se han marchado de Montréal y sólo queda disfrutar del frío glaciar, también los lugareños se han ocultado como ratas en sus agujeros del primer mundo. Sólo unos pocos salen a la aventura de la calle, unos por necesidad, otros por ocio. Yo salí porque me gusta ese bufette de comida china que es tan barato. Además me hace bien caminar, dicen.
Mientras esperaba a un amigo y me comía alguna carne frita bañada en una salsa exótica, noté que la concurrencia era bastante singular, literalmente.
De la decena de mesas ocupadas sólo una tenía dos comensales o más. Los otros estábamos solos, casi frente a frente. Los bufettes de comida china, a lo largo del mundo, son encuentros civilizatorios, ¡los hay hasta familiares!, pero en Montreal las cosas van al revés, y más si es invierno.
Los solitarios sacamos nuestra desdicha a los bufettes de comida china. No sólo había frikies (como yo), también algunas mujeres normales, un oficinista, una turista latina, los típicos viejos. En fin, nunca me había sentido tan deseado, las miradas iban y venían buscando la complicidad del recién llegado. La soledad y sus devotos son culeros, prolijos como un plato de arroz, te examinan para saber qué haces ahí y por qué no estás con tu armoniosa familia deglutiendo platos dietéticos que preparó tu hermosa y esbelta esposa después de dos horas de gimnasio.
No sé si la gente va a ligar a los bufettes de comida china. Porque tampoco vi acción ni galanteo. Pero había muchas miradas perdidas entre la ansiedad y el infortunio.
Admiro a las personas que llevan dos platos, uno en la mano y el otro apoyado en el brazo, y con la otra mano se sirven dos raciones, algunos, los más experimentados, todavía se dan el lujo de llevarse un cuenco con sopa. Esos tipos son mis nuevos ídolos.
Comprendí que la gente prefiere ir al bufette y pagar trece dólares, pero comer hasta sofocarse en lugar de acudir a terapia. Por eso nadie con escrúpulos (yo fallé) lleva a su novia a comer o cenar a uno de estos sitios.
Un bufette de comida china, la más barata en Montreal, es para expiar las culpas al más puro estilo judeocristiano, sólo que el sacramento de la confesión es el postre de avena y coco o la gelatina con mus de chocolate. Es para comer durante horas, llegar a las dos y abandonar el sitio a las cinco y media de la tarde. Nadie va acompañado porque este rito es tan íntimo como asqueroso, se trata de comer hasta el hartazgo.
Cuando llegó mi amigo el músico Sergio Cano, se disolvió la nube enigmática que rondaba mi mesa. Lo curioso de estos chinos es que después de comer te piden dejar propina. ¿Uno va a estos sitios justamente para no dejar propina, no es cierto? Yo me había rehusado, pero un camarero viejo nos habló en castellano con tono de súplica-exigencia, antes de pedir amablemente que nos fuéramos porque cambia el horario de servicio – entre más tarde, más cuesta.
Es curioso que la gente que más convive con el frío sea la que más miedo le tiene. Los pobres que no tienen para el psicoanálisis con calefacción y sofás confortables atrancan en la comida china al mayoreo.

20.11.07

Testigo de cargo de la Muestra Nacional de Teatro

Seguido me preguntan por qué la Muestra Nacional de Teatro no ha mostrado en los últimos años el vigor y la trascendencia que alcanzó en los años 80. Yo respondo: porque en Morelia, en Xalapa, en Monterrey, se dio una gozosa batalla por la identidad del teatro regional; porque eran años de lucha individual y colectiva para demostrar que fuera de la ciudad de México no todo era Cuautitlán; en virtud de que la ahora denominada sociedad civil comenzaba a esculpirse un rostro.
El nacimiento de la MNT coincide con el surgimiento del “nuevo periodismo mexicano”. En 1977 se ponen en circulación la revista Proceso y el diario unomásuno, y la respuesta del público es impresionante. La clase media ilustrada, la inteligencia, los universitarios y la avanzada de la clase trabajadora respaldaron con su lectura la apuesta de un periodismo más libre en forma y contenido.
¿Por qué el diarismo cultural que floreció en los años 80 se ha vuelto previsible, rutinario? Por la misma razón que las Muestras ya no son lo que fueron, porque toda empresa humana tiene, como las obras clásicas, principio, desarrollo y final. El siglo XX comenzó en México hasta los años 20, porque con todo y revolución, el pasado es duro de matar. De hecho nunca muere, se transforma, primero en una epifanía, como ocurrió con las manifestaciones artísticas del modernismo y la vanguardia mexicanas; luego en otro eslabón del conjunto de obras, actitudes y ritos que llamamos tradición.
Con la fundación del INBA, en 1946, se abre en la institución madre de la cultura mexicana un departamento de “teatro foráneo”. El centralismo político, económico y cultural era tan brutal en esos años, que lo que no sucedía en la capital del país, era de las afueras. Ramiro Osorio y Oscar Liera tuvieron el coraje y la visión de convertir esa orilla en el centro del teatro regional. Hasta entonces, la Muestra respondía a una decisión de poder. Juan José Bremer era director del INBA y Víctor Sandoval subdirector. Ambos pusieron las bases de la descentralización cultural. Bremer porque era un político genuinamente interesado en la distribución de los bienes y servicios culturales; Sandoval porque era poeta y había vivido desde Aguascalientes el aislamiento cultural de la provincia. José Solé fue el mejor operador que pudieron tener para instrumentar los primeros pasos de la Muestra Nacional de Teatro, y Ramiro Osorio el disparador de un fenómeno que cambió el rostro del teatro nacional, porque por primera vez pudimos hablar de una República del Teatro Mexicano.
La Muestra comenzó llevando a la ciudad de México las mejores obras de los estados. Era un teatro que ilustraba los textos canónicos de Carballido, Magaña y Arguelles, fundamentalmente. Era un teatro amateur porque no había escuelas, ni espacios, ni becas, ni apoyos de producción dignos de tal nombre, y nadie soñaba con vivir del teatro. A principios de los años 80 Ramiro Osorio recorrió el país como cómico de la legua y tomó nota de la inquietud que había en todo el territorio por romper el centralismo en aras de la identidad regional. Oscar Liera inició en Culiacán la Muestra de Teatro del Noroeste. En Monterrey una nueva generación de autores, actores y directores levantó la voz en pro del teatro regio. En Guadalajara el teatro universitario era cabeza de playa para la renovación escénica. En Puebla un puñado de chamacos daba su do de pecho. La pólvora estaba seca y bastó una convocatoria para que explotara. La Muestra de Morelia fue el Woodstock del teatro regional; una peregrinación y un encuentro reveladores, liberadores. Ramiro llevaba el dinero que costaba la Muestra en una maleta; el guato de mota valía 10 pesos, y se fornicaba a diestra y siniestra, sin condón. Así de lejos estamos de aquel país, de aquellos tiempos.
¿Por qué ahora que hay escuelas, teatros, becas, apoyos de producción, teatro escolar, giras, festivales, publicaciones, internet, no hay otro Woodstok en el teatro mexicano? Vuelvo al símil del nuevo periodismo: porque una cosa es responder a las necesidades apremiantes, genuinas de la sociedad, y otra inventarlas. Los periodistas profesionales estaban seguros de que el unomásuno fracasaría al no tener apoyo institucional. Juraban que con tal nombre y el formato tabloide, propio de la prensa amarillista, no resistiría ni un mes. Por el contrario, abrió el cauce del nuevo periodismo mexicano.
En los 80 el teatro no estaba en la canasta básica de la sociedad, pero sí del gremio teatral. El mérito de Liera fue demostrarle al público que el teatro era un arte pero también una tribuna, una trinchera. Y lo hizo recurriendo al imaginario de su tribu, a su lenguaje, a su paisaje, a su regionalismo. Ángel Norzagaray fue en los 90 un digno acatador de la máxima de Tolstoi, dicha aquí como retruécano: si quieres ser universal, sé pueblerino. Para entonces, los artistas de provincia iban a Xalapa o a la ciudad de México a prepararse, no a asimilarse. Los mejores querían regresar a su tierra para hacer teatro, para formar un público. ¿Qué tanto lo lograron? Es una de las preguntas que deben responder las nuevas generaciones.
Luego de cinco años de codearme con los nuevos dramaturgos, los noveles actores, los directores en ciernes, de diversos estados de la República, por lo menos una vez al año, sé que algo se está gestando en las cunas del teatro nacional. Quienes nacieron cuando la Muestra era un epinicio, llegaron al teatro cuando ese triunfo y el del nuevo periodismo habían cumplido su ciclo vital. En esos 25 años México se convirtió en otro país. La sociedad civil se consolidó como un factor político y social, pero el teatro quedó fuera de su marcha. En el tercer milenio, muy pocas veces el teatro ha sido el reflejo de nuestra sociedad. El tema da para más. Aquí sólo quiero agregar que los paradigmas del teatro mexicano, o están muertos o ya no funcionan para la era virtual. Quedan excepciones clásicas, como Elena Garro, pero es un hecho que los jóvenes hacedores de teatro ya no buscan en las ruinas del siglo XX sus referencias culturales. Por un tiempo creí que estaban perdidos. Lo están, pero su fuerza está precisamente en que deben buscar un nuevo camino para llegar a Roma. Ojalá fueran como los bárbaros del siglo primero de la era cristiana, y aprovecharan esta Muestra para degollarnos a todos los representantes de la antigüedad. En realidad son chicos tiernos que sólo matan, violan y vituperan en sus obras. Es una lástima.

Fernando de Ita. Autor y critico de teatro. Cumple este mes 30 años como periodista de la cultura.

18.11.07

"El mal teatro es insoportable": Brook

Me robo esta nota de El País, nada más para difundir las palabras del maestro, por cierto, ahora que soy casi un ciberpunk, a través del eMule encontré una adaptación fílmica sobre el libro autobiográfico de George Ivanovich Gurdjieff, se llama "Encuentros con hombres notables. Peter Brook". Está realizada en 1979. Vale mucho la pena.

Peter Brook (Londres, 1925), el magistral director de teatro y de cine, se encuentra en Barcelona con motivo de la retrospectiva de sus películas que ha programado el 14º Festival de Cine Independiente. Su estancia en Cataluña coincide con la representación anoche en Girona de su montaje de piezas cortas de Beckett Fragmentos. Genial y encantador, un punto travieso a lo Puck o Yoda, mirando el mundo a través de unos desconcertantes ojos de un azul purísimo y minúsculas pupilas, Brook -el único capaz de comparar al Marco Antonio de Shakespeare con Moshe Dayan, de decir que Marco Antonio y Cleopatra tiene la calidad caleidoscópica de un Jackson Pollock o que el secreto de Hamlet es que "resulta absolutamente imposible decir que has encontrado su secreto"-, explicó ayer cuáles son, en su opinión, las diferencias entre hacer teatro y hacer cine. "En el cine el director trabaja en solitario, es el autor, un personaje autoritario que impone una visión personal, un punto de vista, el enfoque de la cámara, y cuya equivalencia absoluta en la sociedad sería el dictador y en el arte el director de orquesta. El teatro es exactamente al contrario. El teatro es un trabajo colectivo, la reunión de puntos de vista diferentes. No sólo con los actores sino, sobre todo, en los momentos clave, con el público".

Brook ha intentado en su cine romper con la idea dictatorial del punto de vista único. "En mis películas uso diversas cámaras a la vez, algunas independientes de mi voluntad, por ejemplo en Tell me lies (1977) sobre Londres durante la guerra del Vietnam, mostrando opiniones divergentes o en Marat/ Sade (1967)".

Explicó Brook que él pasa de uno a otro, de cine a teatro, "porque los dos me apasionan". Aunque, como espectador, "prefiero el cine; el mal teatro es absolutamente insoportable, en cambio, una película mala puede incluso ser un aburrimiento agradable". Hacer cine, sin embargo, puede ser desesperante: "Hay que esperar y esperar, a veces para que luego todo se cancele; mientras que en el teatro puedes empezar en cualquier momento, aquí mismo, con lo que tenemos a mano".

Brook dijo ayer que continúa su interés por Gurdjieff -que le llevó a filmar Meetings with remarkable men (con la discípula de este, Jeanne Salzman, y Terence Stamp en el reparto)-. "Gurdjieff", justificó, "es el hombre que desarrolló la visión más amplia sobre el lugar del hombre en la vida y la historia". También, obviamente, sigue fiel a Shakespeare: "Es único, alguien aparte. Lo abarca todo. Nadie puede saber cuál es la raíz de ese fenómeno". Hay otros dos autores que le interesan especialmente: "Chéjov, porque no era un profesional del teatro, era médico y eso le dio una generosidad abierta a toda la especie humana", y Beckett -al que conoció- que "a través del minimalismo encontró el macrocosmos dentro del microcosmos". Beckett, abundó, "buscaba la pureza" y es un malentendido hacerlo sinónimo de desesperanza y pesimismo cuando su obra "es luminosa, irradia luz".

Brecht, en cambio, no es santo de su devoción. Le parece "de calidad", pero con algo "totalmente inaceptable": su didactismo, el concepto de obra-lección. "Nadie tiene derecho a mostrar esa actitud superior en teatro".

Brook regaló una anécdota estupenda: cuando con Marguerite Duras buscaban un hombre que encarnara al protagonista de Moderato cantabile, se lo propusieron a Jorge Semprún. Éste estaba encantado de hacer de actor hasta que cayó en la cuenta de que era una actividad bastante contradictoria con su trabajo en la clandestinidad.

JACINTO ANTÓN - Barcelona - 18/11/2007 El País

15.11.07

Dos estrenos dos

Primero, en el puerto de Acapulco, esa obra breve, mi sufrido caballo de batalla, que sigue buscando su lugar en la escena, bajo la dirección del poeta y teatrista Gabriel Brito, Un curso de milagros y el grupo Teatro de Escape con las actuaciones de Maricruz de los Santos e Ilian Blanco.
Jueves 15 de nov. 6:30 p.m.
Casona de Juárez dentro del marco de La Nao, Festival Internacional de Acapulco.




Después, en la Muestra Nacional de Teatro en Zacatecas se presenta dentro del maratón de grupos o compañías emergentes, No tocar, cuya primera versión ya hizo con éxito el propio Paulino Toledo en Santiago de Querétaro, obra teatral para niños que gira entorno del abuso sexual.
Teatro del IMSS de Zacatecas, Zacatecas. Viernes 23 de noviembre, a partir de las 18:30 hrs.


14.11.07

La cultura es patrimonio de eMule

Soy aficionado de ver cómo el arte y la cultura se involucran en los medios de comunicación masiva. De los suplementos culturales de fin de semana en algunos periódicos, al internet y la televisión cultural, la relación es bastante compleja y monótona, por un lado, los contenidos dependen de los limitados formatos, los cuales no siempre permiten profundizar, ni confrontar tesis. Muchas veces son un muestrario de una idea, un autor, un libro, una obra, un concierto, suerte de frágil testimonio.

Sin embargo, a pesar de que la difusión del arte y la cultura se entroncan cada vez más con el formato del mercado que está regido por el "espectáculo", hay esfuerzos interesantes que no se pueden pasar por alto, de ahora u otra época. Ciclos de entrevistas, crónicas, reportajes, documentales y hasta presentaciones de libros que han sucumbido al formato audiovisual, que van desde la típica imagen del felino que persigue a su presa en la sabana africana hasta las entrevistas memorables con escritores o filósofos.

Inevitablemente la televisión cultural está mutando en una televisión ornamentalmente cultural, más interesada en resaltar el folklore y las "tendencias" de la sociedad que examinar y cronizar la ciencia, el arte y la cultura en general. Porque hablar “sobre temas serios, es aburrido”. En la televisión, los temas “serios e importantes” no venden. En México, para no ir más lejos, existen tres televisoras nacionales con objetivos culturales, Once Tv, Canal 22 y Tv Unam. Habría que agregar, como en todo Hispanoamérica, las emisoras locales que producen contenidos culturales, muchos de estos, financiados con dinero público y que no salen de su espectro geográfico.

Pero después de pasar por el satélite o la onda corta desaparecen. ¿Dónde están programas como Conversaciones con Octavio Paz, las altisonazas recomendaciones librescas de Ricardo Garibay o las gesticulaciones exageradas de Juan José Arreola? ¿Dónde está la crónica audiovisual de tantos eventos para la cultura hispanoamericana? ¿Dónde se puede consultar el registro de discursos, exposiciones, y ciclos dedicados a poner la cultura y el arte no sólo como información que se consume, sino que deja testimonio para la reflexión?

En festivales, conciertos, inauguración de exposiciones, presentaciones de libro, hay casi siempre una cámara de televisión que hace un registro más o menos completo del suceso, además de los consabidos encargados de las instituciones dedicadas a la difusión del arte y la cultura precisamente en los departamentos de prensa. Sin embargo, mucho de ese material desaparece, se recicla o simplemente sirve para ilustrar una nota de tres minutos y luego se deshecha como si fuera equivalente a las declaraciones d eun funcionario, o el reportaje sobre el día de la madre.

Este material aunque está financiado con dinero público, tiene las características de un bien privado. ¿Por qué no se puede consultar esa información? Todo lo que produzcan los medios culturales del estado debe estar a la vista de los habitantes. ¿Dónde queda tanto material? ¿Por qué lo esconden?

La excusa para no comercializarlo es el alto costo de la producción. En la era de internet eso se llama pereza. Sólo hay que darle formato, editar lo posible y subirlo a la gran red. Que las instituciones hagan no sólo su trabajo de compilación y archivo de eventos sino que lo ofrezcan a los ciudadanos es lo mínimo, la cultura también está en registros cotidianos que van más allá del periodismo, pero además habría que rescatar lo que ya se ha producido y pugnar por nuevos contenidos. Ya sabemos que la televisión comercial no va a encargar nada que nos interese realmente, sino que nos entretenga simplemente; por lo menos hay que rescatar lo de antaño.

Me alegra, por ejemplo, ver cómo las personas, el público, es quien rescata estos contenidos y los comparte, para muestra los documentales de Eduard Punset que circulan en eMule, las opiniones de Richard Dawkins y las monumentales entrevistas de Soler Serrano en la España de la post-dictadura. Además de un documental perdido sobre Borges, opiniones de Galeano, Savater, Bolaño, Vila Matas y Cortázar. Sin duda, esta clase de programas que almacenan y comparten archivos serán una fuente estupenda de archivología cultural de la lengua española.

Hace falta más, la memoria de nuestra lengua debe ser mucho más que una serie de documentales que algún animoso grabó desde su casa. Lo malo es que algunos archivos, por cierto, son un engaño para ofrecer pornografía camuflada de pésima calidad.

Todo esto, a propósito de que el Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli ha puesto a la venta estas joyas del teatro por sólo 30 dólares americanos o 300 pesos, es decir, que todavía hay coherencia, seguro llegarán al nuevo archivo de la cultura, en breve:


9 CDS Y 1 DVD DVD. DOCUMENTALES DE TEATRO MEXICANO: DANZON DEDICADO AL TEATRO MEXICANO, RETES, CAMINANTE DE TEATRO y SEKI SANO. BIBLIOTECA DIGITAL DEL CITRU

6.11.07

Noel Coward: un patriota antinazi

Algunos medios de comunicación, en sus reducidos espacios culturales reproducen una información que más o menos ya era pública, puesto que el investigador Barry Day supo esbozar en sus pertinentes indagaciones sobre la obra y vida de Noel Coward: el escritor fue un espía de guerra. No un gran espía, dicho sea de paso, pero sí oficialmente una persona involucrada en la inquisición de pistas sobre el entramado nazi.

El autor de Vidas privadas (1930), Esta noche a las ocho y media (1935) o Breve encuentro, que como bien dice Patricia Tubella adaptó para el cine uno de los clásicos de la filmografía británica y fue reclutado por los servicios de inteligencia de su país en 1938. Coward espió a sus colegas y reprochó a aquellos artistas escénicos que se volcaron en su carrera de Hollywood en lugar de hacer frente común contra la Alemania de Hitler.

Más que un decidido antinazi, Coward era un obstinado patriota. Tengo la impresión, como antes ya lo había esbozado Day, de que el nazismo fue en un primer momento para Coward un pretexto para desfogar sus sentimientos nacionalistas. A pesar de haber sido ninguneado por Churchil, de haber conocido el menosprecio de una parte de la crítica por considerarlo un autor comercial, Coward sirvió lealmente a su país, precisamente porque Churchil lo quería lejos de Inglaterra, a causa de su homosexualidad casi pública.

La coherencia del dramaturgo es notable. No sólo fue uno de los primeros en salir orgulloso del armario, también se obstinó en servir en la causa antinazi y fue especialmente crítico y espía con sus colegas burgueses, sobre todo en Estados Unidos.

Próximamente se publicará un libro que reúne sus cartas privadas, al cuidado de edición de Barry Day. Una oportunidad que no se puede dejar pasar.

3.11.07

Joven dramaturgia mexicana

Desde hace un mes o más – en la editorial no se preocuparon por avisar – circula un ensayo que titulé De la joven dramaturgia y otros monstruos en la Revista Tierra Adentro, y en la que, entre otros datos, doy cuenta de algunas de las características que agrupan a las personas que responden a los siguientes nombres: Carlos Nohpal (DF, 1971), Conchi León (Mérida, 1972), Edgar Chías (DF, 1973), Mario Cantú (Monterrey, 1973), Jorge Kuri† (Estado de México, 1974), Rafael E. Martínez (Sonora, 1974), Alfonso Cárcamo (DF, 1974), Alejandro Román (Cuernavaca, 1975), Martín López Brie (Buenos Aires, 1975), Mariana Hartasánchez (DF, 1976), Richard Viqueira (DF, 1976), Verónica Bujeiro (DF, 1976), Luis Ayhllón (DF, 1976), Noé Morales Muñoz (DF, 1977), Luis Santillán (DF, 1977), Alberto Villarreal (DF, 1977), Denisse Zuñiga (DF, 1980), Hugo Abraham Wirth (Iztapalapa, 1981) y Alejandro Ricaño (Xalapa, 1982).

Sobresale la concentración del centro del país, específicamente la capital. Sin embargo, el norte cabalga aprisa para entregar sus credenciales. De la costa del Golfo de México, Xalapa se mantente como un bastión no sólo de dramaturgos, sino de teatristas en general, y el Pacífico brilla por su ausencia, con él Guadalajara y el Bajío. El Sur, condenado a las apariciones esporádicas, mantiene en Mérida su mejor porvenir, esto es lo que hemos denominado la Joven Dramaturgia Mexicana y he sido yo el verdugo.

1.11.07

En defensa de Halloween

Nunca falta un chovinista aguafiestas, un nacionalista a ultranza, un defensor de la purísima cultura local. El continente hispanoamericano está lleno de falsos profetas de la identidad. Bajo este pretexto, tanto autoridades como instituciones eclesiales han sugerido y en otros casos prohibido celebrar el Halloween argumentando que se trata de una fiesta estadounidense que, en este tipo de actos, despliega su más feroz rostro imperialista.

Si alguien le molesta el Yanki-imperio es a mí. Pero no creo que una fiesta para disfrazarse y obtener dulces sea ofensiva a ninguna cultura local con verdadero arraigo. En realidad es demasiado tentador para un niño disfrazarse, pedir dulces, caminar en la noche con amigos y reírse de la muerte, en suma, celebrar la victoria de la infancia sobre el jardín de la tediosa adultez. ¿Por qué les debemos prohibir a los niños este acto de disipada teatralidad?

Cuando uno deja de ser quien es y adopta un personaje, popular o inventado, bueno o malo, no sólo alimenta un ideal o características impropias, sino que toma distancia con el mundo, lo mira desde otra perspectiva, y ese cambio de conciencia, es el principio de la actoralidad. Esa visión de puesta en escena callejera, de hapening multitudinario es quizá la mayor fiesta de teatralidad de los niños occidentales. ¿Quién soy yo para negarles un poco diversión?

Creo que se debe festejar el Halloween si además las costumbres y los ritos sobre la muerte se preservan. De algún modo, esta fiesta callejera y ruidosa es bastante más vieja que los Estados Unidos, pues en realidad se trata de un agasajo de origen celta que fue exportado muy probablemente por inmigrantes irlandeses.

En Montréal me pareció una fiesta bastante menos espectacular de lo que esperaba. Un poco monótona. Los niños no estaban tan entusiasmados como creo que sucede en otras partes del mundo. Quizá eso debe a que esta celebración les resulta demasiado familiar, tal vez los niños quebecúas estarían fascinados con poner un altar de muertos en el salón de casa como se hace en México, por ejemplo. En fin, lo cierto es que a mí me gusta esta fiesta, aunque le he perdido el vértigo infantil y sólo me quedan las ganas de llenarme de dulces y amanecer en un coma diabético a mitad de la calle.

Para los puritanos ultradefensores de la cultura local o nacional o tradicional, bastaría con recordarles lo arcaico de esta fiesta y que el mundo, a pesar de ellos, cambia constantemente. Para muestra: hace no tantos años muchas culturas ni siquiera comían con cubiertos, tampoco se limpiaban la nariz con papel ni le permitían a sus mujeres el derecho a opinar, ni mucho menos a votar, y ni hablar de otros préstamos culturales como la pizza o las fragancias. Hoy todo esto nos parece natural. No es un asunto de globalización, sino recompartir la cultura, que sean los niños quienes disfruten el banquete.

29.10.07

Madrid me calla la boca

Mis prejuicios y yo creemos que Madrid es una ciudad horrenda. Siempre he estado de paso, así que mis reflexiones son, cuando menos, descabelladas; esa clase de ideas-presentimientos que la conciencia construye y son imposibles de desaparecer.
Sin embargo, hay una razón para ser optimista. Su teatro. Desde hace años el teatro madrileño ha comenzado una larga batalla por recuperar espacios y públicos y al mismo tiempo competir con la otra capital del teatro en la península, Barcelona. Cada uno en su lengua, con su respectivo despliegue de artistas, la apuesta madrileña, entre otras cosas, ha sido por los festivales de talla internacional y las figuras. Este año el Festival de Otoño nos ofrece la siguiente alineación: Peter Brook, Luca Ronconi, Mathias Langhoff y Heiner Goebbels.

Peter genio Brook: Fragments, cinco textos breves de Beckett y The grand inquisitor, a partir de Los hermanos Karamazov, con Bruce Myers en el papel del cardenal que acusa a un Cristo reaparecido y silente. Un digno representante de la mitología teatral en la actualidad.
Luca artista Ronconi: presenta Il ventaglio, una de las piezas menos conocidas de Goldoni. Una detenida foto en sepia que cobra vida, y un abanico que, como la mariposa de la teoría del caos, acaba generando huracanes con su minúsculo aleteo. Uno de los más brillantes artistas del concepto visual y escénico que hay en Europa.
Mathias metódico Langhoff: Quartett, de Heiner Müller con el Berliner Ensemble en un estreno mundial. Una de las obras más reconocidas de Müller y seguramente la más compleja de representar sin caer en todos los lugares comunes que de unos años para acá se han venido sumando esta pieza en nombre de alguna vanguardia o teoría experimental.
Heiner músico-dramático Goebbels: Schwarz auf weiss (Negro sobre blanco). Müller de nuevo, aunque más como pretexto-personaje. Este genio es el heredero una tradición alemana más bien local que ahora se abre al mundo: la sonoridad dramatizada. Todo en este montaje tiene que ver con el sonido y quizá con la música. Es un espectáculo concebido para que la partitura dramática se desenvuelva a través de un complejo sistema sonoro, para lo cual, por ejemplo, necesitó de 18 músicos.

En suma, lo mejor de una generación de artistas escénicos, un teatro que abre sus puertas a otras expresiones del arte (visual y sonoro, especialmente) y experimenta con ellas, dos figuras imprescindibles en la teatralidad mundial y la expectación por tener a tanto genio cerca. Con esta suculenta oferta, y mirar de cerca los triunfos del Atlético de Madrid hacen pensar que quizá no sea una ciudad tan adversa como lo piensa este escribano.

27.10.07

Una dramaturgia apócrifa más

Hacia 1650 se publicó a nombre de Calderón de la Barca la obra Del Rey abajo, ninguno, pero veinte años después el autor de La vida es sueño la incluyó en una lista de obras apócrifas, se trata entonces de un texto de Francisco de Rojas Zorrilla, autor cómico creador del subgénero del "figurón".

Para venderlas mejor (las obras), varios impresores y editores (esos pillos) las habían publicado con la firma de Calderón. El caso es frecuente entre los autores del Siglo de Oro y es probable que en otras tradiciones dramáticas también, baste recordar el caso de Shakespeare y Moliére que se ha relatado en estas páginas cibernéticas.
A Lope de Vega le adjudicaron más de cien comedias ajenas, y a Rojas Zorrilla, una decena, a las que, al parecer, habrá que sumar probablemente Del Rey abajo, ninguno, que está por estrenar la Compañía Nacional de Teatro Clásico de España. Obra que sigue huérfana de padre, puesto que se publicó a nombre de Rojas Zorrilla cuando ya había fallecido, con otro título: El labrador más honrado, García del Castañar. El autor toledano no la incluyó en ninguna de las dos partes de sus comedias.

Hace medio siglo, el hispanista estadounidense Raymond R. MacCurdy, uno de los mayores expertos en Rojas Zorrilla, afirmó que Del rey abajo, ninguno no le parecía obra suya, y, para corroborarlo, comparó su versificación con la de sus comedias autógrafas.
Resulta paradójico que la comedia escogida por la Compañía Nacional de Teatro Clásico para celebrar el cuarto centenario de Francisco de Rojas Zorrilla sea Del rey abajo, ninguno. Los resultados son concluyentes: en éstas, en torno al 64% del verso es romance; en aquella, sólo el 26%. En ninguna de las comedias que dio a la imprenta hay liras, en la que nos ocupa hay 42 versos. Y así sucesivamente. Pero entonces, ¿de quién es Del rey abajo, ninguno? MacCurdy sugiere que de tres autores: Antonio de Solís, el propio Rojas Zorrilla y Calderón, que el 2 de junio de 1640 estrenaron ante Felipe IV en el estanque del Buen Retiro una comedia, de la que nos ha llegado el dato, pero no el título.

La autoría colectiva era moneda frecuente en el siglo XVII aunque la tradición dramática en lengua castellana haya omitido este tratamiento compuesto por varias personas y especialmente cuando había una voz ajena al autor y los actores, que en la tradición alemana recibió por primera vez el nombre de dramaturg. Con este término se designó una nueva figura mitad consejero literario y teatral, vinculado también a la producción general de una compañía, a un director o a un responsable de la preparación de un espectáculo. El primer Dramaturg que registra la historia fue Lessing: su Dramaturgia de Hamburgo (1767), compilación de críticas y reflexiones teóricas, una tradición alemana de actividad teórica y práctica que precede y determina la puesta en escena de una obra. El alemán distingue, a diferencia del francés y del castellano, el Dramatiker, el que escribe obras, del Dramaturg, que prepara su interpretación y su realización escénicas. Esta figura puede ser colectiva, o más bien sus funciones cambiantes, cosa muy frecuente entre compañías o grupos de teatro muy heterogéneos de gran formato.
Es probable que en estos procesos de montaje existiera un rol cambiante de dramaturguista, director y autor. Rojas, por su parte, tiene quince comedias compuestas a tres manos, cuatro de ellas con Calderón y con, sucesivamente, Antonio Coello, Juan Pérez de Montalbán, Luis de Belmonte y el mencionado Solís. Uno escribía la primera jornada, se la pasaba al siguiente, que redactaba la segunda, y el tercero remataba la faena. Los dramaturgos áureos hicieron cadáveres exquisitos avant-la-lettre.

En su edición de Del rey abajo, ninguno, la hispanista Brigitte Wittmann ofrece un dato que lía aún más la madeja, o que ayuda a desenhebrarla, según se mire: en el libro 42 de Comedias de diferentes autores (1650), donde Del rey abajo, ninguno figura a nombre de Calderón, hay otra obra titulada El labrador más honrado (como la edición suelta que luego aparece a nombre de Rojas Zorrilla, vaya coincidencia), firmada por "tres ingenios" anónimos. ¿Serán éstos los autores de aquélla? Sin embargo, Rojas Zorrilla figura como autor en el programa de mano, el libro, el cartel y la publicidad de la nueva producción española. Con todo, es un paso adelante respecto a la etapa anterior de la CNTC, cuando se montó y editó El burlador de Sevilla sin mencionar en parte alguna que la autoría de Tirso de Molina está en cuestión desde hace mucho, ni tampoco la hipótesis elaborada por Alfredo Rodríguez López-Vázquez, de que su verdadero autor puede ser Andrés de Claramonte.

Entre humo: teatro

A pesar de la multitud de incendios que continúan devastando buena parte del Estado de California el teatro en lengua castellana tiene un largo festival en la ciudad de Los Ángeles.
Comenzó la sexta edición del Festival Internacional de Teatro Latino de Los Ángeles (FITLA) con la obra Divino Pastor Góngora de Jaime Chabaud, de la compañía mexicana Teatro del Mar, en el John Anson Ford Theatre de Los Ángeles,
Tendrá una larga temporada el montaje En un sol amarillo, producida por la compañía boliviana Teatro de Los Andes, la cual podrá ser vista por el público en el Kirk Douglas Theatre de Culver City, durante una temporada de cuatro semanas. Al Teatro de Los Andes se le concederá el Premio Dionisio de Honor a la Excelencia Artística.
Por tercera ocasión estará participando en el FITLA el grupo peruano Yuyachkani, cuyos integrantes representarán la obra Rosa Cuchilla y la fábula infantil Había una vez.
Otros evento digno de destacar es la puesta en escena que hará la compañía mexicana Teatro sin Paredes de Antimagia, un espectáculo infantil, y la clásica La excepción y la regla de Bertolt Brecht.

26.10.07

Queja por tres mangos y otras

Por primera, y espero que última vez, hago uso de este espacio para expresar una queja personal –en general lo uso para difundir noticias o auto alabanzas– por mi última compra de fruta en el supermercado. Aquejado por un resfriado y una legión virus imbuyendo mi garganta decidí ir a comprar provisiones (no químicas) a la tienda. Antes, mi rauda conciencia – que es una hermosa ardilla – me ordenó que me alimentara bien y me abrigara.
Con ese decreto en mente salí hacia la cale de Saint Laurent donde hago las compras. En algunos de los supermercados de Montréal, en las estanterías que guardan fruta, se deja ver un anuncio con el precio y el país de donde proviene el producto. Los mangos, que me gustan mucho, están marcados con el nombre de México. Día a día había visto cómo crecían los precios de la fruta y especialmente del mango, pero en pos de mi salud ni me fijé en la cantidad y llevé hasta la caja de pago una dotación de galletas, naranjas, limas y tres gordos mangos verdes.
Tuve que buscar bien los mangos, los comestibles, pues los que estaban por encima eran más bien podredumbre deliciosa para insectos, y había otros excesivamente verdes, como piedras del trópico. En fin, cuando la señorita del cajero me dio el recibo para firmar y pagar, no daba crédito a la cifra y creo que debí expresar algunos sonidos guturales que asustaron a los compradores. Todas las miradas encima de mí. ¡$23.06 dólares por tres mangos mexicanos de mediano tamaño en un supermercado promedio del centro de Montréal!
Con razón nadie compra mangos. Me quedé de piedra, es decir, como mango verde. En mi francés, o en mi inglés imperfecto reclamé, no sé muy bien cómo. Creí que era un error y me burlé de la situación con una falsa sonrisa. Llamaron a una especie de gerente, un haitiano que sólo sabe despedirse y saludar en inglés. La comunicación fue lenta pero me hice entender. Rectificaron y pesaron una vez más el producto. Me dejaron los tres mangos en $23.02 dólares. Después de ese acto de gratitud y de retrasar la fila de pago por unos diez minutos firmé y me fui a casa con mi exótico tesoro.
¿Para qué sirve el libre mercado, la globalización, los tratados de libre comercio? ¿De los veintitrés dólares cuánto le llegará al agricultor mexicano del Pacífico?
Es evidente que muchos de los mangos de ese y otros supermercados quebecúas no se venderán jamás. He visto cómo se llenan contenedores de basura de comida inútil para el consumo del primer mundo. ¿No podrían quedarse esos mangos en México y alimentar a unos cuantos niños?

Queja dos: ¿No les sucede que la mitad de los videos que se bajan del eMule o Ares son pornografía camuflada? Yo realmente quería ver el documental sobre San Agustín de Hipona, o Descartes y el universo del pensamiento matemático. No videos caseros de violaciones falsas y tediosa pornografía.

Queja tres: La ultraderecha se sigue comiendo a Europa. Para los que piensan que ahí se fragua el pensamiento moderno y las libertades, creo que se equivocan soberanamente. No tengo dudas de que la sociedad norteamericana es menos fascista que la europea radical.
De los ataques racistas en España, (metro de Barcelona, por ejemplo) hasta el triunfo de la ultra derecha en Suiza (hay que ver la campaña de publicidad con ovejas blancas y negras) a los muertos en Rusia a causa del nacionalismo más despreciable, queda otra evidencia que paraliza: los comentarios de la gente en los periódicos españoles. Yo leo dos o tres diarios españoles por la red, día a día, debajo de cada noticia se pueden dejar comentarios anónimos (aunque te pidan un seudónimo). Siempre que la noticia trata sobre un extranjero –aunque sea un jugador africano de futbol o un taxista rumano– la cantidad de insultos y xenofobia es sorprendente. Si lo quieren comprobar pulsen en estos periódicos. 20 minutos, El País, para citar un ejemplo.

24.10.07

¿A quién le importa el teatro?

¿A quién? A la gente de teatro, está claro. Teatro para sí mismo y para un puñado de curiosos. Mientras se desarrolla el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, la ausencia de este evento en los medios de comunicación es pasmosa. No sólo desde el punto de vista noticioso, sino de crítica, de reflexión y análisis.

Se suceden los festivales de integración de Manizales, de Bogotá, de Cádiz, fiestas teatrales en Argentina, México, España, Perú, Chile y el teatro cada vez se oculta más en su cueva, en su pequeño reducto de confinamiento, pero al mismo tiempo quiere que lo vean y lo disfruten, que lo amen y lo revitalicen los espectadores.

¿A quién le interesa un teatro endogámico y autocomplaciente? Supongo que a nadie, pero las circunstancias son así. Aunque la cultura y el arte ya están bastante lejos de la realidad informativa, el desprecio por el teatro es significativo. Cada año es peor. Si se tratara de una feria de libro o de una muestra de arte contemporáneo con el título de “iberoamericano” habría mucho más expectativa. Si acudieran en proporción y prestigio los creadores de teatro que viajan a Cádiz en una feria/desfile del libro, los periódicos darían cuenta de ello continuamente.

Nunca como hasta ahora la lengua castellana había tenido tantas producciones propias, tantos autores, actores y directores. Nunca como hasta ahora el habitante de la lengua española podría ver un teatro tan distinto que hablará desde los extremos del continente, nunca como hasta ahora el teatro está al alcance de casi todas las clases sociales, en casi todas las zonas, desde el teatro de calle hasta los experimentos escénicos posmodernos el esplendor del teatro hispanoamericano crece día a día y casi nadie lo advierte. Mientras aumentan las producciones y los profesionales del teatro, la gente se aleja más. Por ejemplo, el interés que suscita el FIT es paupérrimo a pesar de que se han dado cita creadores excepcionales y un buen número de críticos y estudiosos de la teatralidad.
Mucho se puede decir sobre la incidencia de la televisión, de los espectáculos masivos, del entretenimiento en la vida moderna, lo cierto es que el teatro no ha sabido contagiar ni al público ni a los medios de un interés superlativo. Pocas producciones llevan realmente a sus salas a personas que saben lo que quieren ver, a diferencia de alguien que compra el libro de un autor de prestigio.
Casi todos los espectadores van por otras razones, totalmente ajenas al discurso del artista y muchas de las veces inconscientes de lo que van a ver.
¿Qué hacer entonces? Si la masa no va al teatro, el teatro debe ir a la masa. Sí. Pero esos espectáculos generalmente menguan la calidad. El teatro para el gran público, salvo excepciones, es divertimento fácil o extensión de la urdimbre televisiva.

¿A quién le interesa el teatro? A la gente que le interese, sea la que esta sea. No hay más. Es natural y deseable la preocupación por el gran público, pero para todo hay momentos y lugares.
El FIT no puede ser la coronación del folklorismo teatral de Iberoamérica. Para dar un ejemplo, México envía dos obras, una de probada calidad, Las chicas del tres y medio floppies, texto de Legom y la dirección del británico Jonh Tiffany con dos actrices excepcionales. Una propuesta clara, inteligente, con un tratamiento honesto y que sitúa al teatro mexicano en un nivel ajeno a la experimentación y la pura definición de identidad. Una obra que ha sido probada en México con éxito y que lleva varios años de aquí para allá. Y por el otro lado, acude una propuesta de Ofelia Medida con La Medina de pasada por Fridonia o cada quien su Frida, precisamente sobre la célebre Frida Khalo. Otra obra dramática sobre este incono del mercantilismo cultural mexicano, un mito más de la cultura nacional que se sube al avión de la exportación tradicional.

Es natural que en Finlandia o Dinamarca se vea a muchos países de América Latina e incluso España y Portugal con cierto exotismo, y tal vez es normal, que conozcan de nuestras naciones sólo los lugares comunes, las historias repetidas, lo que se ve en cualquier enciclopedia. Nosotros hacemos lo mismo, conocemos de ellos superficialmente uno a uno sus tópicos. Bajo esa lógica me parece coherente que viajen obras a sus festivales sobre esta clase de temas culturales de sobra conocidos; a un danés lo que le interesa de Costa Rica deben ser sus playas y mujeres, si en una obra eso se resume con una bonita historia, Costa Rica habrá ganado un turista.

Pero en un encuentro de este calibre, donde se trata de reflexionar acerca de la cultural teatral de Iberoamérica como un continente complejo, se eligen obras “representativas” sólo por su carácter histórico o tradicional, y dejan de lado la verdadera hondura sobre la teatralidad en cada uno de los países o regiones.

El arte, y el teatro específicamente, sirven para maquillar terriblemente la realidad. Alguien que acude a ver una obra sobre algún problema social creerá que basta con discutir en las puertas del teatro después de la función “la terrible situación” de los niños centroamericanos para sentirse comprometidos con las causas difíciles del tercer mundo.
Mucho del teatro latinoamericano también está contagiado de ese virus que es vender la miseria y la desgracia. Y lo peor: abundan los prejuicios del público y de la crítica al respecto. Todo quieren verlo desde el crisol social, aunque la obra trate sobre astronautas posmodernos, “es una metáfora (también usan el término crítica) a la situación de los niños de la guerrilla salvadoreña”, dirán.

¿Quién selecciona las obras? ¿Cuál es el criterio? En suma: ¿Para qué hacer un festival iberoamericano de teatro que se pierda en el folclor y la muestra de identidad de cada nación? Nuestros países han madurado lo suficiente como para poder ofrecer propuestas que rebasen la identidad local, y que busquen a partir de ahí, o por eso mismo, un discurso más universal, menos complaciente, más esperanzador en otro sentido: el de la creación comprometida no con las causas sino por las causas. Estoy seguro de que en España y en cualquier lugar de Iberoamérica, todos saben quién es Frida y su terrible calvario/vida que la ha encumbrado.

¿A quién le interesa entonces el teatro iberoamericano? A los teatreros iberoamericanos. Está claro. En festivales con esta dimensión hay que aprovechar la ocasión y el derroche de recursos para ver y discutir un teatro más complejo, no regodearnos en nuestro acostumbrado chovinismo identitario, para eso están las cantinas y los bares, para compartir las adversidades y presumir lo posible. En esta clase de eventos hay que cerrar la puerta a los curiosos y convocar a la crítica. Tal vez de esta reunión de inteligencias y creadores nazca verdaderamente el teatro de este siglo, el que invite a los espectadores a sus salas, de nueva cuenta, y el esplendor sea real, completo.

20.10.07

Repaso teatral

Algunas noticias que vale la pena resaltar en el mundo escénico.

Concluyó el 35 Festival Internacional Cervantino en Guanajuato, con una tímida presencia teatral, a decir del crítico Gonzalo Valdés Medellín que hace un recuento en El Universal. Sin embargo, desde hace un par de años para nadie es un secreto que la programación ha dado prioridad a la música, que las propuestas dramáticas tienen un par de apariciones brillantes por emisión y que la danza ha ganado protagonismo.
Lamentable además, la escasa atención hacia la multitud de jóvenes que acuden a Guanajuato y que reciben no sólo indiferencia de parte de las autoridades culturales, sino represión y medidas policiales propias de regimenes fascistas.

La mala nota es la inverosímil demanda al grupo potosino Rinoceronte Enamorado por supuestas calumnias al hacer uso de una de las figuras caciquiles de su estado en la obra Palomas.

La obra de Edgar Chías On insomnia and midnight, se estrena ahora en el IATI Theatrer de Nueva York, bajo la dirección de Berioska Ipinza. Hay que sumarla al índice de la historia del teatro mexicano como una de las obras dramáticas más representativas y exitosas en el extranjero. Se ha plantado, nada más, en las dos capitales principales del teatro en lengua inglesa.

También concluyó el VI Festival Internacional de Teatro de Calle de Zacatecas, uno de los esfuerzos más importantes de la escena iberoamericana por acentuar la importancia de un teatro representativo y multitudinario que sucede en el espacio público. Cada vez con mayor entereza, este festival acerca propuestas de prestigio del mundo entero. Muchos pronosticamos corta vida para la propuesta de Bruno Bert, con mucho gusto nos callamos la boca.

Ya se prepara el encuentro Digitalizar lo efímero. Creación escénica y documentación en el espacio iberoamericano, que se realizará en Alcalá de Henares, Madrid y Cuenca, España. El programa, cuenta Lorenzo Rocha, plantea conferencias y espectáculos en torno al teatro y el video (artesescenicas.uclm.es). Entre los participantes se encuentran dos mexicanas del Centro Nacional de Investigación Documentación e Información Teatral Rodolfo Usigli, CITRU. La investigación y reflexión acerca del diseño escénico y particularmente en el continente iberoamericano resulta de vital importancia para conocer el estado actual de las tecnologías al servicio de la escena, su trascendencia, importancia, excesos y sobre todo, cómo insertarlas en los discursos escénicos actuales, además de su pertinencia económica.

En los últimos años ha sido muy común anunciar la apertura de salas teatrales a lo largo de Hispanoamérica, no sólo en las capitales, sino a lo largo de las provincias y circuitos periféricos de las grandes ciudades. Ahora toca el turno a una mala noticia que sucede en Buenos Aires, la ciudad con más actividad teatral en nuestra lengua. La sala Absurdo Palermo cerrará sus puertas en noviembre a causa de la imperante burocracia que impidió su operación a pesar de cumplir con todas las necesidades técnicas. ¿Por qué la burocracia ha invadido con tanto entusiasmo el espacio del arte escénico y la cultura? A lo largo de toda la lengua castellana es notoria la ausencia de leyes (pasaportes y contratos de trabajo), la falta de subvenciones públicas, la imposibilidad para acceder a otros servicios del Estado (cotización en seguridad social, por ejemplo), y sobre todo la imposibilidad de los gobiernos para acercar público a las salas, a pesar de que impera la demagogia, se siguen abriendo escuelas de teatro pero no aumenta la oferta de trabajo, ni mejoran las condiciones de actores, directores, escenográfos.

17.10.07

Últimas simientes

Esta obra mía - o lo que queda de ella - sigue en la escena chilanga. Con la dierección de Ricardo Rodríguez, y las actuaciones de Pilar Cerecedo y Jorge Aguilar, la obra seguirá recorriendo los CCH de la Ciudad de México y otros recintos.

Un matrimonio monótono en el final de los tiempos. La mujer es estéril. Él tiene una hija, pero apenas lo sabe. Ambos serán padres de uno de los por nacer, raza de niños inmaculados.

Una pieza sobre las contradicciones religiosas y la enajenación bajo un telón de fondo apocalíptico.

Poetas, dramaturgos y otros asesinos

En la colonia Guerrero de la Ciudad de México un dizque poeta, actor y dramaturgo fue hallado con el cadáver de su novia estrangulado y roído, restos humanos en una sartén y navajillas por doquier. Esa colonia siempre me dio muy mala espina.
En fin, que además del horror que provoca la imagen y del súbito interés de los medios, se ha dicho “la literatura manchada con sangre” y cosas por el estilo. Después no han faltado los que salgan en defensa de la honorabilidad del gremio literario y condenen al “caníbal de la Guerrero” acaso favoreciéndolo con el mote de “poeta” o “dramaturgo”. También lo han comparado con otros escritores que han perpetrado crímenes, dándole un lugar que no tiene.
Para empezar, este sujeto, de nombre José Luis Calva Zepeda no era escritor. Ni era poeta, ni dramaturgo, ni nada que tenga que ver con este oficio. Era un psicópata que escribía, cosa muy distinta. Y escribía mal, pero muy mal, según algunos de sus poemas publicados en Reforma y que por pudor no voy a reproducir, sólo transcribo esta horrible dedicatoria: "Dedico estas palabras a la creación más grande del universo, que soy yo".
Se autopublicaba libros de seis páginas que iba a vender a la colonia Roma o Condesa. Y mientras te tomabas un café en la terraza de por ejemplo, la calle Campeche, o disfrutabas de un bife en algún sitio de argentinos llegaba a ofrecerte sus poemas o reflexiones. Dicen que también iba a Coyoacán. Era de esos idiotas que publican lo que escriben y luego te lo quieren vender, y ya después de que te han intimidado o por caridad les regalas una moneda, todavía quieren que leas sus textos mal redactados, mal impresos, mal habidos.
Aunque la literatura no necesita defensores, sí gente que ponga un poco de sentido común y evite los tópicos que luego suben al inconsciente colectivo y es imposible bajarlos. Porque en el fondo, cualquier zumbado con una hoja impresa ya es escritor. Escritor es el que escribe y publica sus libros profesionalmente, los demás son aficionados a la pluma. Un escritor que no publica, que vive en la marginalidad, es un genio incomprendido, como el caso de Calva Zepeda. Y la horrorosa actuación de este tipo que mató y destazó a dos de sus novias y a una prostituta, no hace sino acrecentar el mito de los “escritores melancólicos” o “de poeta y loco todos tenemos un poco”. Es falso, según la neurociencia, la cercanía entre el genio creativo y las enfermedades mentales son pura invención. La melancolía y la turbación poco o nada tienen que ver con el oficio artístico.
Desde luego hay casos de gente con alteraciones mentales, abundan suicidas, depresivos, esquizofrénicos. Estoy seguro de que la creatividad artística ayuda a explorar esos páramos de neuronas inestables, pero en todos los grupos de profesionales hay personas con problemas mentales y psicopatías. En realidad el gremio de escritores es bastante nerd si consideramos el grupo poblacional promedio y los crímenes que estas personas llevan a cabo al año. Los escritores más valientes se pasan un semáforo en rojo. Habría que comparar qué gremios comenten más asesinatos, y les aseguro que ni los escritores ni los artistas encabezan la lista, que habitualmente es dominada por políticos. Por políticos de derecha, para ser más específicos.
Hay que recordar, sin embargo, los crímenes del poeta Salvador Díaz Mirón que mató al tendero Leandro Llada en 1883; o el homicidio cometido por el cineasta y guionista Emilio Fernández en 1976 cuando discutía con un campesino ebrio de nombre Javier Aldecoa; o el asesinato que cometió el novelista William Burroughs en 1951, cuando en una fiesta en Ciudad de México ultimó a su mujer Joan Vollmer mientras practicaba con ella el tiro al blanco. O el caso del pensador marxista Louis Althusser, cuando en 1980 (a los 62 años) estranguló a su esposa Héléne Rytmann.
Un caso bastante complejo es el del Ernst Wagner maestro y dramaturgo alemán que después de matar a su mujer y a sus cuatro hijos, con golpes de cuchillo en el cuello, en el pecho y en el corazón, llevó a cabo 14 crímenes por disparo. Incendió diferentes lugares del pueblo de Mülhausen (Alemania). Doce años antes, en 1901 aproximadamente, tuvo actos sexuales con animales, a partir de los cuales, inicia un delirio de persecución en el que siente que todos los habitantes del pueblo lo saben y se ríen y burlan de él. Se calificará de sodomita. En el hospital psiquiátrico escribió algunas obras de teatro.
Al poeta mexicano Pablo Molinet se le acusó de haber matado a su mucama. En Tijuana, recientemente un desconocido escritor de nombre Ian Carlos Logos Orosoff, que acudía a un taller literario y escribía en un blog – como este, ni más ni menos – asesinó a una chica en Guadalajara. Sucedió también con el escritor polaco Kristan Bala que secuestró y asesinó al amante de su mujer para escribir una novela.
Caso similar al del “caníbal de la Guerrero” o el “Hannibal Lecter mexicano” es el del joven aspirante a dramaturgo Seung Cho, de origen coreano, que mató a varias personas de su colegio en Virginia, Estados Unidos.
El homenaje en todo esto ha sido para Hannibal Lecter, el personaje de Thomas Harris, cuya novela El silencio de los inocentes luego hicieron película, y espero ver pronto. Habría que pedirles a los escritores que trabajan en medios de comunicación que sugieran no usar el mote de “poeta caníbal” o de “dramaturgo caníbal”. No imagino que el gremio de electricistas, por ejemplo, se sienta halagado de que alguien que maniobraba de vez en cuando cables e instalaba bombillas se autodenomine electricista, y menos si es caníbal. “El caníbal electricista” dirían si hubieran encontrado junto al cadáver de su novia un manual sobre instalaciones eléctricas.
¿Qué escritores agregarías tú a esta bonita efeméride? Si tú eres uno de ellos, no te preocupes, este blog nadie lo lee.

16.10.07

¿Doris Lessing dramaturga?

Antes que nada quiero consentir a mi ego, tan desprovisto de afecto últimamente. Resulta que yo vaticiné el premio a la señora Lessing. Me sentí brujo – pueden ver el post de hace unos días antes – y aunque incluía a otros autores, cumplía a cabalidad con el perfil: Lengua inglesa. Mujer. Nacida en Medio Oriente. Poco problemática. Nada experimental. Con una gran trayectoria en la que sobran títulos y faltan lectores. Y sobre todo, muy vieja ¿Acaso nadie se ha dado cuenta que es la persona más vieja que ha obtenido el Nobel de Literatura en la historia? Bueno, supongo que no es un dato que preocupe a muchos.
En medio de la ebullición por el premio Nobel de Literatura (2007), más de un medio de comunicación ha nombrado a la escritora británica como “narradora y dramaturga” o “novelista y dramaturga” y “la también dramaturga”, y cosas por el estilo.
Dos o tres lectores me ha preguntado si conozco su obra dramatúrgica y si está traducida. No faltará ya el productor o director de teatro diletante que ande buscando las obras dramáticas de Lessing para aprovechar el momento mediático y ganarse unas subvenciones. Pues en nuestra lengua tendrá que buscar a un traductor primero.
Mi búsqueda no ha dado muchos frutos. Al parecer sólo tiene una obra de teatro escrita y estrenada con cierto éxito, e incluso llevada en una segunda versión a la televisión, y otra adaptación de una de sus novelas que ella mismo supervisó. La obra de teatro no está traducida al castellano, pues no consta en ningún registro de edición o traducción. Play with a tiger se llama, y la dirigió un tal Ted Kotcheff, allá en los sesentas. Al parecer, en el mismo volumen de esta obra en tres actos se publican otros textos dramáticos de la señora nacida en Irán, pero nadie menciona sus títulos. La editorial es Flamingo (HarperCollins).
Ella participó en la famosa cantera de dramaturgos de la Royal Court Theatre de Londres y además adaptó una obra de Alexander Ostrovsky. Escribió también una ópera para Phillip Glass en los sesentas.
Pero nada en castellano. Y en inglés muy poco pues dejó de escribir teatro formalmente hace más de cuatro décadas. No se ha destacado como dramaturga, y no creo que tenga tiempo para hacerlo. Si alguien tiene más y mejor información, por favor deje su mensaje, nosotros le llamamos.Sería interesante conocer su obra dramática. Lo que me gusta de esta señora es que sea sufí – yo intenté serlo –, que haya abandonado a sus hijos para dedicarse a escribir y que sea tan humanamente contradictoria.

13.10.07

La burocracia o el escenario de la no existencia: un mensaje apocalíptico

Guillermo Fadanelli insiste en que somos sociedades depresivas. Y se necesitan libros, por ejemplo, para decirnos cómo construir una familia sólida, después de pasar horas frente a la televisión o cómo bajar de peso después de tres indigestas comidas diarias. En efecto, el deprimido necesita ayuda. Requiere que sea otro el que resuelva sus problemas, en todo, o en parte. Los deprimidos sentimos la inminencia del fin con mayor dureza.
Esta legión de deprimidos necesita expertos, o por lo menos eso nos han hecho creer, y eso origina el mercado, la famosa oferta y demanda: el depresivo frente a la constelación de posibilidades para sanar su mal. El depresivo en la farmacia o el supermercado, o cambiando el canal de la televisión.
Aunque cabe señalar que cada experto es sólo un especialista en un diminuto problema humano, no en varios, como querían los griegos. Y el mercado no es más que la suma de los problemas humanos: perfecto círculo vicioso. La exaltación de ese círculo parece ser la vida moderna.
Para tal efecto (el de la vida), la raza humana, además de libros, ha creado instituciones. Para compartir los problemas y, si el caso, darles solución, es decir, ordenar las circunstancias del mercado, determinar qué expertos pueden acudir al auxilio del depresivo. Las instituciones deben construir y hacer funcionar las escuelas que un solo hombre tardaría toda una vida en poner en pie para educar a sus hijos. Las instituciones deben decir cómo y por dónde debe ir esa carretera que lleve al hombre de su casa al pueblo. Esa carretera no la habría podido construir el hombre solo con sus dos manos.
Alguien tuvo fe en las instituciones. Un día, no sé por qué, se le ocurrió que era la mejor forma de distraer a los hombres indignos, como yo. Y las instituciones se esparcieron como la fe, incluso se erigieron templos en su nombre. Dentro de ellas oficia una turba de bárbaros que llamamos burócratas, los cuales en poco tiempo se apoderaron de las instituciones, las hicieron suyas.
Ellos, que han memorizado los sistemas de funcionamiento de los establecimientos, que pueden recitar de memoria leyes y reglamentos mientras mean o fornican, que pueden dictar cátedras sobre el manejo de la cafetera o de alguna clase de formulario a mitad de una fiesta, perpetran la fe del hombre en las instituciones: detentan el poder con la eterna promesa de aliviar algunas o todas las depresiones del hombre.
Hasta el político más poderoso está indefenso frente a los designios de una secretaria. Los burócratas son una sociedad secreta que guarda en sus escritorios las claves de la vida humana, y esa claves jamás serán reveladas. El burócrata, clérigo de la institucionalidad, sabe que el concierto de la vida moderna pasa por sus manos.
La burocracia no es un mal. La burocracia es el mal. La burocracia es la negación absoluta de la vida. La burocracia es la derrota del hombre y el triunfo de la fotocopiadora. Pero ellos saben que necesitan depresivos, de ellos alimentan su grandísimo ego. Y nos llaman con sus cantos de sirena, convertidos en pasaportes, permisos, mutas, subvenciones, al fin y al cabo promesas todas. Recetas falsas para curar la depresión, porque detrás de un trámite vendrá otro. El burócrata es el psicoanalista de las sociedades modernas.
Cuando un hombre entra a una oficina para iniciar un trámite pierde su libertad: gana un formulario. En otras sociedades se diría, que le entrega su alma al diablo. El burócrata seduce con su indiferencia, con su trato mezquino. No aleja. El peor burócrata, el más sanguinario, es que el que más depresivos tiene detrás de él.
La burocracia es el juicio final aplazado por la ausencia de papel para la fotocopiadora, la falta de un sello o el inestable sistema informático. La burocracia está en todas partes y casi nadie puede librarse de ella, al contrario, proliferan los esfuerzos para hacer de la burocracia el único sistema de vida, elevar las instituciones al grado de los dioses.
Los burócratas aman su mundo, porque son perversos. Decoran sus oficinas y escritorios cruelmente. En ese aparente pequeño detalle hay un mensaje escondido: el burócrata también es el amo y señor del mal gusto. No le basta con la perdida de libertad del hombre, también quiere su sensibilidad. La burocracia es la imposibilidad del arte. Para el burócrata el arte, que no figura en los procedimientos, debe ser abolido.
La burocracia es infinita. Sus métodos están perfectamente automatizados para que el trámite no concluya nunca. Incluso después de la vida. El cuerpo desaparece, pero el trámite continúa: trámite eres y en trámite te convertirás.
De una oficina a otra, de una institución a la otra, la burocracia despliega su figura de agujero negro, un problema formal que ni filósofos ni científicos quieren tocar. Estudiar la burocracia es un sofisma, puesto que la burocracia no se puede estudiar, si acaso se hace fila para tomar turno.
Los burócratas son como ángeles, en lugar de alas llevan papeleo. Asexuados y al servicio de un dios que no existe, aunque ellos prometen, en su bobo aleteo, en su gesticulación exagerada, una vida eterna de felicidad. La jerarquía de la burocracia también se parece mucho a la angelical. De los arcángeles mayores de oficinas cerradas a las simples secretarias-ángeles sólo hay unos cuantos pasos, pero nadie invade el territorio del otro. Han formado sindicatos para transmutarse el poder, en un perfecto sistema de perpetuación de su especie.
No existen más las sociedades depresivas. El estado de ánimo –decadente sí, pero humano– ha sido sustituido por la sala de espera, por el original y copia, por el inútil presentarse sin requisitos, aunque nadie sepa cuáles son. Ha sido derrocado el espíritu humano, por el espíritu de gestión. Quien no haya nacido con ánimo paciente está condenado al suicidio. El hombre-burócrata ha triunfado. Las sociedades depresivas han dado lugar a las sociedades burocratizadas, y ese es el fin de la civilización como la conocemos.

Vida y muerte de esfuerzos culturales

Anuncio con pesar la muerte de un ejercicio extraordinario, único, que renovó la escena contracultural y musical mexicana durante más de catorce años. Se trata de Subterráneos, bajo la tutela del maestro Hugo Cabrera.
No entiendo la decisión del diario Síntesis, pero tratándose de ellos, tampoco espero una respuesta muy coherente.
Subterráneos no sólo animó el debate entre colegas y un periodismo cultural poco ortodoxo, sino que dotó, como al de la voz, de un espacio privilegiado para publicar e interactuar con los lectores sin ser más que un aficionado a la escritura. Se va un suplemento cultural que no tenía paralelo en la cultura mexicana, y menos en la vida provinciana de esta nación confusa. Aquí el último número.

Por otro lado, el mejor medio de propagación de la cultura es la palabra. La letra escrita, impresa, narrada, o puesta al servicio del ciberespacio. Aquí un link para leer un pequeño monólogo dedicado a dos artistas, en un creciente esfuerzo (Revista espiral) por preservar la palabra escrita. Gracias al interés de Elena Méndez, buscadora de extrañezas y coincidencias en el panorama literario mexicano.

11.10.07

Dramaturgia y Premio Nobel de Literatura: un pronóstico seguro

Los dramaturgos que han recibido el Premio Nobel a lo largo de la historia son:
Bjrnstjerne Bjrnson (Noruega, 1903); J. Echegaray y Eizaguirre (España, 1904); Paul von Heyse (Alemania, 1910); Maurice Maetrlinck (Bélgica, 1911); Gerhart Haupfmann (Alemania, 1912); Rabindranath Tagore (India, 1913); J. Benavente y Martínez (España, 1922); George Bernard Shaw (Gran Bretaña, 1925); Luigi Pirandello (Italia, 1934); Eugene O'Neill (Estados Unidos, 1936); Francois Mauriac (Francia, 1952); Halldór Laxness (Islandia 1955); Albert Camus (Francia, 1957); Jean-Paul Sartre (Francia, 1964); Samuel Beckett (Irlanda, 1969); Harry Edmund Martinson (Suecia, 1974); Wole Soyinka (1986); Dario Fo (Italia, 1997); Gao Xinjiang (Francia-China, 2000); Efriede Jenilek (Austria, 2004) y Harold Pinter (2005, Reino Unido).
Hay quienes han escrito teatro escasamente – como Octavio Paz y Gunter Grass, por ejemplo – pero no se les puede considerar dramaturgos pues la importancia de su obra no reside en este género.
A unas horas de conocer al nuevo rey de la literatura mundial hago llegar hasta el ciberespacio mi desencanto y escepticismo por este premio, además de un seguro pronóstico.
Lo detesto no sólo por las enormes injusticias, en nuestra lengua basta citar a Unamuno, Huidobro, Reyes, Borges, Cortázar, Rulfo, Cernuda y Onetti que apenas estuvieron cerca, al contrario de Gabriela Mistral o Miguel Ángel Asturias que no han resultado tan decisivos en la literatura hispanoamericana.
Es curioso, además, que nuestra lengua ostente dos dramaturgos en su lista de gratificados, ambos españoles. El primero, J. Echegaray y Eizaguirre (1904), prácticamente desconocido y poco o nada influyente en el devenir de la dramaturgia española – o sí, quizá por eso tan triste panorama – y mucho menos en la continental, como lengua. Un melodramático escritor de obras menores.
Con Benavente (1922) es distinto, porque más que un gran dramaturgo universal, fue un escritor teatral de su aldea y tal vez el último representante de una tradición comediográfica vital en la historia de la literatura universal: la española.
Despertó cierto interés en la literatura dramática como vitalidad cotidiana e influyó a sus coterráneos escritores para asomarse a un teatro renovado, menos sentimental, más psicológico, menos cortesano, más callejero.
Como director de escena, llevó la literatura al teatro o viceversa, y fue uno de los primeros homosexuales en aceptarlo casi públicamente (o sin el casi), para lo cual utilizó veladamente muchas de sus piezas, personajes, situaciones. Sin embargo, el anquilosamiento de la dramaturgia española en el segundo tercio de siglo (producto de la guerra civil) y los esfuerzos por conseguir un teatro de identidad nacional en América Latina imposibilitaron que la obra de Benavente fuera localmente universal, por lo menos en su lengua, y ni hablar de otras.
No obstante todavía El nido ajeno y La noche del sábado, son lecturas infaltables en cualquier lector hispanoamericano. Con La noche del sábado, por ejemplo, Benavente experimenta con la interacción de modelos narrativos y dramáticos, haciendo uso de la hoy llamada narraturgia.
En el fondo, lo que más me gusta de Jacinto Benavente y Martínez es que cultivó el teatro casi totalmente, ¡hasta incursionó en el circo! También ejerció la crítica, en el periódico El Imparcial. Quizá el único crítico de teatro en el Nobel de Literatura.
Para rematar con el premio, mi pronóstico es que este año no lo ganará un dramaturgo. Quizá dentro de muchos años no lo vuelva a ganar un dramaturgo. En esta clase de cosas pesa mucho más la estrategia política, la cercanía con el régimen del lugar de origen o acogida, la lengua en la que se escribe y los prejuicios de un jurado que aparentemente sólo lee lengua inglesa. De los últimos seis galardonados (2001-2006), la mitad escribe en inglés (Naipaul, Cotezee y Pinter). Y en los últimos dieciséis años (1991-2006), siete han escrito en la lengua de Shakespeare (Gordimer, Walcott, Morrison, Heaney, Naipaul, Cotezee y Pinter).
Por lo tanto, no creo que gane, otra vez, alguien de mi lengua. Aunque sí un autor muy bien traducido al idioma del imperio (no es el caso de Fuentes ni Vargas Llosa, principales contendientes en castellano) o alguno de los autores que mucho suenan en inglés: Roth (E.U.), Murray (Australia) y Lessing (Reino Unido).
Aunque quizá (tal vez más por entiusiasmo) sea la hora de que la lengua de Cervantes se haga presente después de tantos años (Octavio Paz, 1990 y Camilo José Cela en 1989) sin galardón; por otro lado creo que ganará alguien que pueda mediar entre la opinión pública del mundo árabe y Occidente. Hay que recordar que el premio se está “orientalizado”, pues durante muchos años sólo se leían a los autores de Occidente.
Así que mi pronóstico está ahí, he jugado tímidamente mis cartas. No sé quién conquistará el mediatizado premio de las letras, pero de algo estoy seguro, sé quién definitivamente no lo ganará: tú.

10.10.07

La buena y mala suerte de López Brie

Ganó al mismo tiempo con la misma obra dos premios nacionales de dramaturgia. Le han retirado uno, espero que conserve el otro.
Vaya un abrazo para el buen Martín López Brie, que ha trabajado lo suficiente como para hacer de una de sus obras unánime premio nacional de dramaturgia.


Ánimo y congratulaciones.



http://www.eluniversal.com.mx/notas/454107.html

9.10.07

Intelectuales vs Teatro

Para nadie es un secreto la separación entre el medio intelectual y el teatro. No es nuevo. La actividad escénica y los grupos de tradición pensante no han sido – a través de la cultura occidental – precisamente muy unidos. Hay, como en todos los casos, una relación de amor y odio que cambia según el reino – o nación – y la época; y desde luego, las excepciones que confirman la regla.
Por otro lado, gran parte de la intelectualidad proviene de las letras. Casi hasta el siglo XIX, (ese tiempo convulso de guerras llamado el de la “emancipación de los pueblos”) también fue la consumación de la soberanía de cierta clase pensante del gremio puramente literario, herencia sin duda del auge del pensamiento ilustrado que diversificó la idea del “pensador”.
El científico, en principio, ganó notoriedad, igualmente otras áreas, como las sociales y económicas. El poder intelectual, que había descansado en la burguesía literaria, de abogados y a veces filósofos, dejó entrar definitivamente a sus colegas químicos, biólogos, médicos, psicólogos y algunos artistas al concierto de pensar el mundo y las sociedades, aunque muchos de ellos ni siquiera se denominarán con estos epítetos tan estilizados.
Pero no actores, ni decoradores o directores de escena –cuyo concepto era aún embrionario– entraron al convivio intelectual en los claustros universitarios, o como parte de la opinión pública calificada en periódicos o revistas, puesto que sólo algunos dramaturgos (escritores al fin de cuentas) podían opinar sobre los temas públicos, es decir, tener una vida intelectual.
Paulatinamente, el dramaturgo pasó de ser un escritor a un animal de teatro. Quizá con excepción de la Rusia zarista y sus epígonos soviéticos el autor de teatro dejó su lugar en la corte de las musas y bajó a los arrabales de la vida. El tránsito fue doloroso y más de las veces confuso, pero necesario, el teatro tiene una responsabilidad con el público; cabalga al mismo tiempo entre el entretenimiento y la sensibilidad estética, entre la venta de boletos e ideas.
En lengua castellana, una buena parte del teatro escrito durante el comienzo de la segunda mitad del siglo XX lo atestigua. Exceso de personajes, didascalias inverosímiles, tramas largas y barrocas. En general un desprecio por el espacio teatral y una predilección por la cultura literaria, es decir, por el libro, por tanto, la preeminencia del lector por encima del espectador. Esta generación fue última que escribió teatro siendo escritores.
Los intelectuales han subestimado tanto al espectador como al manifestante en la plaza pública. El pensamiento se ofrece en la intimidad de la sala de lectura, en las conversaciones de cafés y bares, o en las líneas de periódicos, revistas y actualmente de blogs o publicaciones electrónicas. Para el intelectual latinoamericano, el espectáculo público es una vulgar enajenación propia de las tradiciones religiosas. El intelectual sale a la calle y se ofrece al mundo para comprar el periódico o presentar su último libro (o el del colega, por su puesto).
Hay un síndrome de intelectuales afectos al cine. Saben mucho de la pantalla grande y disertan sobre ella, pero ignoran al teatro sin pudor. Tengo la impresión de que, aprovechando las ventajas de la vida moderna, ven sus películas en la comodidad de sus habitaciones o acuden a las salas de cine en la premier o estrenos (para salir en la foto, desde luego). Sucede también con los intelectuales melómanos. Hablan de música y compran las últimas novedades sonoras, pero no acuden a recitales.
En México, y quizá en otras partes de la lengua castellana, el intelectual escribió teatro, o quiso hacerlo. Ejemplos sobran, José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Jorge Cuesta (según Miguel Capistran), Octavio Paz y hasta Carlos Fuentes. Recientemente Juan Villoro. Sin mucho éxito en la escena y con una lejanía absoluta de los fenómenos teatrales. La excepción, en México, siempre será Hugo Hiriart y de otro modo (menos excepcional) Vicente Leñero.
Desafortunadamente, el exilio español no acuñó un teatro tan prodigioso como en otras áreas de la literatura, especialmente en la poesía y el ensayo. Posiblemente en ese momento hacer teatro y consolidar un grupo era más complicado que escribir un buen poema o escudriñar en las ideas humanas. Una legión de españoles dramaturgos en el exilio, con una fuerte presencia, habría cambiado radicalmente el momento actual del teatro en Hispanoamérica.
De los integrantes del boom latinoamericano, algunos probaron las mieles de las tablas (Vargas Llosa y Cortázar, por ejemplo) y su agridulce resultado los alejó. Ninguno destacó especialmente en este género.
Así, la intelectualidad se refugió en sus asuntos, en sus cofradías, peleas, en sus argumentos e ideologías, y el teatro, o ese grupo de personas que realizan profesionalmente arte escénico, creó su colección de pensadores, reducido y formado principalmente por dramaturgos y críticos, aunque con una fuerte presencia de directores, cada vez ganando más terreno. Quizá sin saberlo, inauguraban la intelectualidad propia del quehacer teatral.
En Hispanoamérica, los intelectuales del teatro han cimentado sus propios hábitos y circuitos de promoción y divulgación, aunque pobres y básicamente marginales en comparación con los “otros intelectuales”. Es común ver en festivales literarios una ausencia de dramaturgos o críticos de teatro, por ejemplo.
Quizá como en ningún otro género literario, la academia ha contribuido a sumar nombres propios a la intelectualidad teatral. Investigadores y artistas han entrado y salido de las aulas.
Comenzado el siglo XXI, ante el débil pronunciamiento de los narradores, historiadores y poetas dentro de la dramaturgia, y los escritores para la escena expulsados a su vez del terreno de las ideas o con apariciones esporádicas dentro de la opinión pública, han ido suscribiendo día a día, el divorcio.
Prueba de esta tendencia es la revista Letras Libres, que generalmente habla de libros, de escritores, de pensadores, acaso de políticos. Siempre de cine (le han dedicado un número). Pero de teatro muy poco o casi nada. Y como esta revista, casi todas las “intelectuales” que se escriben en lengua castellana. El teatro tiene sus propias publicaciones, dicen.
Si uno revisa las propagandas literarias locales, marginales, regionales e hispanoamericanas –como Letras Libres, repito– la ausencia del teatro, de la dramaturgia, es pasmosa. Ya antes la tradición de Vuelta que comandaba Octavio Paz anunciaba este desdén.
Los suplementos culturales, con un poco de suerte, tienen un crítico de teatro. Pero muchos ignoran no sólo las puestas en escena sino los libros de teatro, estudios, discusiones y tendencias, por no hablar de los actores, escenográfos e iluminadores. Esta subestimación de la dramaturgia y del teatro en tanto materia viva de una cultura es fundamentalmente hispanoamericana. En otras constelaciones artísticas y geográficas el abismo no es tan evidente. Señalar culpables es ocioso, y quizá inexacto, puesto que es una tendencia que se resiste a morir, habrá que esperar a que los escritores dictaminen la muerte de la dramaturgia en tanto género literario y su definitiva incorporación al campo de las artes escénicas.
Y aunque esta muerte ha sido de sobra profetizada, habrá que esperar también que los dramaturgos acepten su lugar en la jerarquía teatral. Lo interesante será ver cómo evoluciona este encuentro (que lleva años, por otro lado), esta mutación definitiva de escritores teatreros; y finalmente observar si el dramaturgo sabe responder a la tiranía del intelectual más poderoso dentro del teatro actual: el director de escena.
Al respecto, reproduzco una entrevista al director de teatro David Hevia, precisamente en Letras Libres (número de octubre de 2007) que en un sorpresivo ejercicio incluyó no sólo una entrevista – no es muy común en ellos – sino un tema teatral, cuyo artífice es el director de escena (faltaba más) Antonio Castro.


La mirada doble. Entrevista con David Hevia
por Antonio Castro. Letras libres.

Actor y director de escena, David Hevia fue colaborador de Juan José Gurrola, con quien codirigió Catálogo razonado de Juan García Ponce. En 1992, fue invitado por Roberto Ciulli a la compañía alemana Theater an der Ruhr, de la que formó parte por diez años. De vuelta en México, ha dirigido, entre otras, Hermanas de Antón Chéjov, Día de campo de Fernando de Ita y Los ladrones de Friedrich Schiller. Su último estreno, En la meta...de Thomas Bernhard, se presenta en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico.

Me llama la atención tu trayectoria porque eres director y actor. Tiende a haber una inclinación, pero en tu caso hay un equilibrio muy inusual entre las dos profesiones.
Cuando empecé a hacer teatro, yo quería dirigir. Entré al CUT y Ludwik Margules me dijo que era muy joven y que tenía que actuar. Lo hice, pero nunca dejé de dirigir. Para mí las dos cosas siempre han estado juntas. A veces tenemos una idea muy especializada del teatro.
¿Cómo fue que trabajaste con Gurrola, otro actor director?
Él daba un taller de dirección en el CUT todos los sábados. Me inscribí y nos entendimos muy bien. Me llamaba mucho la atención que un ser tan feo, tan desorganizado, tan arrogante tuviera esa enorme sensibilidad para entender las cosas. Te permitía una libertad creativa que no se parecía en nada a los ejercicios de abstracción y lujuria de mis otros maestros. Me abrió un universo que me permitió pensar el teatro de otra manera. De él aprendí la valentía, la irreverencia, a trabajar con tu mundo interior, a no amoldarte, a destruir para volver a crear: el reino del caos como un motor.
¿Cómo conociste a Ciulli?
Pues cuando vino en los noventa, vio una obra mía y le gustó. Me dijo que estaba buscando un actor como yo, vendí todo y me fui. Yo no hablaba alemán. Me dieron una beca del Instituto Goethe. No sabía qué me iba a pasar. Ciulli me dijo que probara seis meses y me quedé diez años. Todavía colaboramos. En unos meses me voy a dirigirles una obra de Max Frisch.
Los alemanes encuentran en el teatro el espacio para discutir sus problemas.
Así es. Es muy emocionante. Los estrenos son comentados en las editoriales de los periódicos. El teatro es un gran acontecimiento social. Eso fue lo que me hizo quedarme.
¿Qué obras hiciste con Ciulli?
Lo primero fue Los bajos fondos de Gorki. La verdad es que aprendí alemán en el escenario. En aquella época no podía ni pedir tres bolillos porque sonaba a obra de teatro. Luego hice algo que se llamó Teatro cómico, basado en una obra de Goldoni. La dramaturgia era muy interesante.
En el teatro mexicano no existe la figura del dramaturgo o dramaturgista.
No, y es muy importante. Es el superyó del director, el que pone lineamientos. El director trabaja con los actores con muchísima libertad, mientras que el dramaturgista se encarga de acomodar los elementos. Está en todos los ensayos, adecua el lenguaje, las situaciones. Hace la versión final.
¿Cómo es el trabajo de Ciulli con los actores?
Tienes la obligación de crear y de proponer todo el tiempo. Nadie se espera a que les digan qué hacer. Llegas al ensayo y propones. El director es el primer espectador, el primer ojo, que va dirigiendo esa mirada, esa energía creativa del actor. Es muy distinto de lo que ocurre en México donde los actores, particularmente los hombres, son muy pasivos, no imaginan, no se pueden tocar, no pueden llorar, no pueden hacer el ridículo, se lo impiden siempre. Los buenos actores aquí parecen una caja de zapatos: siempre se ven igual. Las mujeres, sin embargo, tienen una necesidad enorme de expresarse, supongo que por ser un país machista, se dejan tocar, se dejan enloquecer. Por eso tenemos actrices como Margarita Sanz. Tenemos buenos actores, pero se echan a perder rápido. La televisión agrede mucho.
¿Cuál fue la primera obra que dirigiste en Alemania?
La primera con todo el aparato del Theater an der Ruhr fue El despertar de la primavera de Frank Wedekind. Tuvo mucho éxito por lo que me invitaron a hacer Romeo y Julieta. Después monté una pieza de un autor nuevo.
En varias puestas tuyas figura el tema de la despolitización. Con bastante ironía, pero hay una visión de la juventud como una entidad decadente, pasiva, desechable.
Siempre me ha hartado que alguien se considere apolítico, cosa muy común, por cierto, en el teatro mexicano. Es algo que me inquieta mucho. Y de ahí que los temas de mis puestas tengan que ver con esa insistencia de que el teatro tiene un poder transformador en la sociedad. Cualquier acto que hagas es político: estés de acuerdo o no. Yo he visto gente que sale cambiada del teatro.
Heiner Müller decía que la gran obligación política del teatro es movilizar la imaginación del espectador.
Plantear preguntas. No creo que una obra de teatro vaya a salvar el mundo ni nos vaya a dar la solución pero, en el proceso de llevar algo a escena, yo siento la enorme necesidad de decir algo para provocar. Si no tiene incidencia social, el teatro no tiene sentido.
Háblanos de tu último estreno. ¿Por qué montar a Thomas Bernhard?
Me gusta que no tenga pelos en la lengua, que no ponga comas ni puntos. A través de esa gramática no gramática logra que estés pensando todo el tiempo. Lo tienes que ir descubriendo. No puedes hacer psicología con él.
Me llama la atención esa generación de autores austriacos. Un país que vive en una razonable y aburrida comodidad produce voces como Elfriede Jelinek, Peter Handke y Thomas Bernhard, unos insolentes que viven diciendo lo que nadie quiere oír.
Son muy pertinentes para nosotros porque la sociedad austriaca, aunque no parezca, guarda sus similitudes con la mexicana: es hipócrita, católica y ridícula. Tengo una relación con México igual a la que ellos tienen con Austria: odio-amor. Odiamos la falsedad, la solemnidad, la doble moral. Ese vals que hacen en Viena a fin de año, por ejemplo, es una ridiculez que podría ocurrir en Ciudad Satélite o en Villa Coapa. La insolencia de Bernhard me resulta muy elocuente. No es como la nueva dramaturgia alemana, que por cierto varios mexicanos están imitando, con cincuenta cuartillas de insultos. Puta, pendeja, tortillera de mierda, pinches mexicanos, los odio, maricones. En Alemania, René Pollesch y Falk Richter encontraron un lenguaje, pero se está desgastando solito.
¿Cómo ves la relación director-autor en el teatro mexicano?
Estamos muy separados. Está el departamento de los autores y, en otro lugar muy lejano, el de los directores. Hace falta generosidad de los dos lados. Ahora que hubo un encuentro de dramaturgos en Querétaro estuve ahí por accidente. Me sorprendió ver que no había directores. No entiendo por qué no nos invitan. No creo que un encuentro de dramaturgos deba ser un evento privado, donde no hay directores, no hay actores, no hay escenógrafos. Es ridículo. Los autores tienen todo que aprender de los demás; en especial de los actores. Ellos sólo te voltean a ver y te dicen: esto no lo puedo decir, no me alcanza el aire o no sé qué estoy diciendo.
Es una fractura muy real. La idea de comunidad teatral es muy abstracta. Nos comportamos como individuos, pero nos dedicamos a un arte colectivo.
Y lo mismo sucede con el público. Ahora que está en riesgo el Teatro Helénico, me sorprende que el público no se queje, que no haya nadie que diga “a mí no me van a cerrar la opción de ver otro tipo de teatro”. Pareciera que es un problema exclusivo de la comunidad teatral. Por alguna razón, no se sienten afectados. No sé... Tal vez nos falta convocarlos.